Historia
Los orígenes de la actual Hermandad del Descendimiento se remontan a los albores del siglo XX, en la ermita del Santo Cristo, situada a la izquierda de la entrada al barrio del Campo de la Verdad, procedente del Puente Romano.
Aunque, como documenta el historiador Juan Aranda Doncel, ya existió en Córdoba, durante la segunda mitad del siglo XVI, una cofradía penitencial del Descendimiento en la iglesia dominicana de San Pablo, esta desapareció rápidamente y carece de vínculo con la hermandad actual.
La ermita del Santo Cristo fue fundada en 1760 por Salvador Salido y Millán, clérigo de menores, con el propósito de dar culto al Cristo de las Ánimas o de la Misericordia, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento. En su testamento, ordenó ampliar el recinto mediante la venta de su colección de antigüedades. La pequeña imagen de Jesús Crucificado pronto despertó gran devoción, tanto en la barriada como en otros lugares de Córdoba, como lo evidenciaban los numerosos exvotos que llenaban sus paredes y las procesiones celebradas en rogativas por la lluvia.
No obstante, la cofradía con esta imagen como titular no se fundó hasta 1877, más de un siglo después de la construcción de la ermita, y tuvo corta existencia, desapareciendo en 1890.
A finales de 1903, comenzó a organizarse una hermandad dedicada a la veneración de la imagen de San José, también presente en la ermita. Este clima de devoción sentó las bases para la refundación de la hermandad del Cristo de las Ánimas. El capellán de San José y Espíritu Santo, Evaristo Espino, animó a los jóvenes del barrio a constituir una cofradía para la imagen del crucificado, tan querida por la comunidad. Así, el 16 de febrero de 1908 se refundó oficialmente la hermandad, constituyéndose la primera junta de gobierno, con Ricardo Barbudo Guirao como primer hermano mayor.
Incorporación del paso de misterio y el siniestro de 1915
La Hermandad alcanzó una etapa de especial brillantez cuando sus miembros decidieron incorporar a la procesión oficial del Viernes Santo cordobés el paso de misterio del Descendimiento. A partir de ese momento, la cofradía adoptó su denominación actual: “Hermandad de nazarenos del Santo Cristo de las Ánimas, Sagrado Descendimiento de Cristo Nuestro Señor y María Santísima del Rayo”.
El paso estaba compuesto por un crucificado, conocido como Cristo de la Caridad —ya que el Cristo de las Ánimas, por su reducido tamaño, no podía formar parte del misterio—, la antigua imagen de la Virgen del Rayo, otra imagen de San Juan Evangelista, así como los Santos Varones y las Tres Marías, de escaso valor artístico.
El 2 de abril de 1915, Viernes Santo, el paso de misterio realizó su estación penitencial en la procesión oficial del Santo Entierro. Sin embargo, apenas unos días después, en la noche del domingo 18 de abril, un siniestro devastó el paso. Aunque no se pudo determinar la causa exacta, se sospechó que una vela encendida prendiera el altar. Las imágenes centrales —el Cristo, la Virgen y San Juan— pudieron salvarse y fueron restituidas a su parroquia. Lamentablemente, la imagen titular del Cristo de las Ánimas fue hallada entre los escombros, totalmente mutilada, por un vecino del Campo de la Verdad.
La devoción que Córdoba sentía por la imagen se reflejó en la inmediata suscripción popular abierta para su restauración, así como la del templo. Pese a este incidente, la cofradía continuó realizando su estación penitencial en 1916 y 1917, aunque a partir de 1918 dejó de hacerlo y, poco después, desapareció, probablemente en 1919.
Refundación de la Hermandad en 1937
En la primavera de 1937, en el marco de la Córdoba de la época, un grupo de jóvenes amigos se reunía habitualmente en un céntrico café de la ciudad. De esas tertulias surgió el deseo unánime de fundar una nueva cofradía, con el propósito de rendir culto a una imagen de Cristo y fomentar la religiosidad popular en un ambiente social tan propicio.
Los integrantes del grupo eran personas de extracción modesta, empleados o pequeños profesionales autónomos. La fundación de la hermandad siguió un procedimiento poco convencional: no nació por devoción a una imagen concreta ni por vinculación a un templo determinado. En cambio, los aspirantes a cofrades se dirigieron a diversas parroquias en busca de la licencia y el apoyo de sus párrocos. Aunque inicialmente encontraron resistencias, no desistieron. Finalmente, recordaron que años antes había existido una hermandad en el barrio del Campo de la Verdad que procesionaba el misterio del Descendimiento.
Se dirigieron entonces a esta barriada, aún en las afueras de la ciudad, y fueron recibidos favorablemente por el párroco accidental de San José y Espíritu Santo, Miguel Muñoz Barrón, ya que el titular Rodrigo Madrid Mesa se encontraba fuera debido a la guerra. Ante esta acogida, constituyeron una comisión gestora que elaboró los estatutos para su aprobación por el obispo.
El 28 de abril de 1937 enviaron al prelado un oficio firmado por José Villar, Rafael Redondo, Fernando Raya y Rafael del Rosal, solicitando la erección de la hermandad y argumentando su propósito de “levantar el ánimo religioso de los vecinos del Campo de la Verdad”. Al documento se adjuntaba un informe del cura ecónomo, que respaldaba la creación de la cofradía en la parroquia de San José y Espíritu Santo, subrayando la intención de reavivar el espíritu religioso de los feligreses.
Poco más de un mes después, el 8 de junio de 1937, el obispo de Córdoba, Adolfo Pérez Muñoz, aprobó los estatutos y erigió oficialmente la Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento. Los estatutos originales constaban de ocho artículos.
El primer desfile penitencial tuvo lugar en la Semana Santa de 1938. La hermandad, recién fundada, contaba con unos cincuenta nazarenos, mayoritariamente de extracción modesta. La banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja abrió el cortejo a las siete de la tarde del Jueves Santo, mientras el paso era portado a hombros bajo la dirección de Antonio Sáez Pozuelo, conocido popularmente como “El Tarta”. El paso partía de la ermita del Santo Cristo, aunque la estrechez de la puerta obligaba a montarlo en la calle.
Conscientes de que las imágenes heredadas no se adecuaban plenamente al misterio, los miembros de la junta comenzaron a planificar la creación de un grupo escultórico de gran valor artístico, capaz de suscitar la devoción tanto en el barrio como en la ciudad. Fue en este contexto que apareció en Córdoba el joven escultor valenciano Amadeo Ruiz Olmos, quien acogió con entusiasmo la idea de la hermandad, se hizo hermano y realizó la maqueta del misterio completo: Cristo, Virgen, San Juan, los Santos Varones y las Tres Marías, todas talladas en madera, doradas, estofadas y policromadas. Un proyecto ambicioso para aquella modesta cofradía, pero que marcaría el futuro artístico del Descendimiento.
Consolidación del misterio y reforma de la capilla (1938–1981)
A pesar de las dificultades económicas y de la modestia de sus integrantes, la Hermandad mantuvo vivo el proyecto de Amadeo Ruiz Olmos. Su visión artística para el misterio —Cristo, Virgen, San Juan, Santos Varones y Tres Marías, completamente tallados en madera, dorados, estofados y policromados— se convirtió en la ambición central de la corporación.
Con el paso finalizado, la junta directiva acometió la incorporación de las imágenes de José de Arimatea y Nicodemo, figuras imprescindibles en el Descendimiento que hasta entonces habían quedado fuera por limitaciones presupuestarias. El escultor valenciano fue nuevamente el encargado de realizar estas tallas, y la bendición de las nuevas imágenes tuvo lugar en la primavera de 1968, en una sencilla ceremonia oficiada por el párroco Bartolomé Menor Borrego. La distribución del misterio respetaba fielmente el proyecto original de Ruiz Olmos, mostrando un Varón en lo alto de la escalera desclavando el brazo izquierdo de Cristo aún unido a la cruz, completando así el Segundo Misterio de la Hermandad.
Paralelamente, se emprendió la reforma de la capilla. La primitiva ubicación de la hermandad fue reemplazada por la capilla del Sagrario, al fondo de la nave de la Epístola, donde actualmente se conservan todas las imágenes. En esta nueva sede, Bartolomé Menor pintó el mural del fondo del altar, que fue inaugurado con una misa solemne en la cuaresma de 1975, oficiada por el párroco Enrique Albendín Romero.
Durante estas décadas, la Hermandad atravesó periodos de languidez y renovación. Tras la dimisión de Manuel Salinas Navarro en 1962, la crisis se agudizó hasta que el párroco Antonio Gómez Aguilar propuso a Pedro Herrera Martínez como nuevo hermano mayor. Bajo su dirección, se formó una junta mixta de veteranos y nuevos cofrades, que retomó con entusiasmo el proyecto de Ruiz Olmos y completó la totalidad del misterio.
Esta etapa también estuvo marcada por el cuidado del patrimonio y la planificación artística, consolidando una Hermandad que había sobrevivido a las dificultades de la Guerra Civil y a periodos de inactividad. El relevo generacional se haría evidente en 1981, cuando Pedro Herrera, tras más de cuarenta años en la junta de gobierno y dieciocho como hermano mayor, cedió el cargo a Pablo Estévez, miembro de la cofradía desde su niñez. La nueva junta incorporaba miembros más jóvenes, lo que inauguró una etapa de modernización y expansión de la Hermandad.
Etapa de esplendor de la Hermandad. Relevo generacional (1981–2010)
En 1981, la Hermandad vivió un relevo generacional que marcó un punto de inflexión en su historia. Tras dieciocho años al frente y más de cuarenta en la junta de gobierno, Pedro Herrera cedió el cargo de hermano mayor a Pablo Estévez, cofrade que había formado parte de la corporación desde su infancia y que ya contaba con experiencia en distintos cargos de la directiva. La nueva junta combinaba la experiencia de los veteranos con la energía de los jóvenes, imprimiendo a la Hermandad un aire renovado, lleno de ilusión y compromiso.
Uno de los primeros proyectos de importancia fue la incorporación de un paso de palio, una aspiración largamente deseada por la corporación. Antes de disponer de la imagen definitiva, Fray Ricardo de Córdoba, religioso capuchino y estrechamente vinculado a la Hermandad como consiliario, director espiritual y asesor artístico, propuso que la Virgen fuese bajo la advocación del Buen Fin, evocando su triple significado: por su parto, por la muerte de su Hijo y por su buen fin en la Tierra. Gracias a la mediación de Fray Ricardo, la Hermandad contactó en 1985 con los anticuarios sevillanos hermanos Morillo, propietarios de una imagen de la Virgen que conservaba únicamente la cabeza y el busto. La directiva decidió adquirirla, y fue trasladada a Córdoba, donde fue solemnemente bendecida el 12 de octubre de 1985 en una misa concelebrada por el párroco José Luque, el consiliario Antonio Carreras y Fray Ricardo de Córdoba. Este acontecimiento consolidó la presencia de la Virgen en la corporación, que a partir de 1986 pasaría a denominarse oficialmente “Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento y Nuestra Señora del Buen Fin”.
El año 1987 supuso un hito con la celebración del cincuentenario de la Hermandad. Junto a la Hermandad de la Misericordia, que también cumplía medio siglo de historia, se organizaron actos de convivencia, exposiciones y ciclos de conferencias. El pregón del cincuentenario fue pronunciado por Fray Ricardo de Córdoba, quien coronó a Nuestra Señora del Buen Fin en una solemne función religiosa celebrada el 22 de marzo. La Semana Santa de ese año quedaría marcada por la primera estación de penitencia de la Virgen, el Viernes Santo, 17 de abril, un momento que se grabó en la memoria de los cofrades y del barrio del Campo de la Verdad.
Renovación del Misterio (1992-1999)
A comienzos de la década de 1990 la Hermandad afrontó uno de los procesos de transformación más relevantes de su historia reciente: la renovación integral del paso de misterio, manteniendo como única imagen original la del Santísimo Cristo del Descendimiento. Aunque las tallas realizadas por Amadeo Ruiz Olmos poseían indudable valor artístico, no se adecuaban plenamente a la estética y a las nuevas formas de portar los pasos que se iban imponiendo en la Semana Santa andaluza, especialmente la generalización del sistema de costaleros al compás de marchas procesionales, incompatible con el excesivo peso del conjunto, que obligaba a su traslado mediante ruedas.
Previamente a cualquier intervención de envergadura, fue necesaria la restauración de la imagen del Santísimo Cristo del Descendimiento, que tras más de medio siglo había sufrido importantes deterioros como consecuencia de las oscilaciones térmicas y de la exposición a la intemperie en algunas estaciones de penitencia. El delicado proceso restaurador fue llevado a cabo en 1992 por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado, discípulo de Luis Álvarez Duarte, quien consolidó los ensamblajes de la talla, renovó su policromía —dotándola de mayor contraste y fuerza expresiva— y realizó una nueva cruz. Una vez restaurada, la imagen fue trasladada solemnemente desde la ermita del Socorro hasta su parroquia en un Vía Crucis celebrado en febrero de ese mismo año.
En el marco de esta profunda renovación, durante los meses de mayo y junio de 1993 la Junta de Gobierno aprobó, según consta en actas, la adecuación del paso de misterio para que pudiera ser portado a hombros. El proyecto técnico fue encomendado al capataz de la Hermandad, Antonio Requena López, hermano estrechamente vinculado a la corporación, Ingeniero Técnico Industrial y profesor de Enseñanzas de Educación Secundaria en el IES San José de la Rinconada (Sevilla). Presentado y aprobado el correspondiente proyecto, que incluía planos, memoria descriptiva y presupuesto, en el mes de julio de 1993 se procedió al desmontaje del chasis y de la estructura interna de madera del paso, sustituyéndola por una nueva estructura metálica que aportaba mayor robustez y, al mismo tiempo, una significativa reducción de peso.
Los trabajos concluyeron a finales de 1993 y, en enero de 1994, comenzaron los primeros ensayos de costaleros, así como la constitución de la primera cuadrilla de hermanos costaleros del Santísimo Cristo del Descendimiento. De este modo, el Viernes Santo de 1994 la Hermandad realizó por primera vez su estación de penitencia con el paso de misterio portado a hombros, cumpliéndose un anhelo largamente sentido tanto por los vecinos del Campo de la Verdad como por la propia corporación.
Paralelamente, el mismo imaginero Miguel Ángel González Jurado fue el encargado de tallar progresivamente las nuevas imágenes del misterio, todas ellas de candelero. En 1993 fueron bendecidas la Virgen del Refugio, dolorosa que eleva su mirada hacia su Hijo, y la imagen de San Juan Evangelista, que con sus manos extendidas parece querer acoger a la Virgen para mitigar su dolor. Ambas imágenes realizaron su primera estación de penitencia ese mismo año.
Aunque se barajaron distintas posibilidades, la Hermandad optó por conservar las valiosas andas del paso, si bien fue necesaria una profunda reforma para adaptarlas a las nuevas dimensiones y necesidades del conjunto. Esta delicada intervención fue encomendada al joven tallista cordobés José Carlos Rubio Valverde, perteneciente a una reconocida saga de artesanos. Su trabajo consistió en alargar el paso de costero y reducirlo de frontal, logrando un conjunto más proporcionado y esbelto. Asimismo, sustituyó los antiguos candelabros arbóreos y las cabezas de los evangelistas de las esquinas por otras de menor tamaño, respetando fielmente el modelo original de José Callejón.
Gracias a estas actuaciones, desde el Viernes Santo de 2001 el paso pudo transitar con mayor facilidad por las estrechas calles de la Judería y realizar estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral, siendo portado por una cuadrilla de cuarenta costaleros dirigidos por el capataz Antonio Estévez Villafuerte.
Consolidación patrimonial y Casa de Hermandad
Tras la profunda renovación del misterio, la Hermandad afrontó la consolidación de su patrimonio y su infraestructura. En la calle Fernández de Córdoba, número 2, se adquirió un local que fue adaptado para convertirse en Casa de Hermandad, un espacio de 150 metros cuadrados que alojaba un salón-exposición con vitrinas para el ajuar y el guion de la corporación, una sala-museo para las antiguas imágenes de Ruiz Olmos y las cartelas y evangelistas del paso de misterio anterior, además de dependencias para Secretaría, archivo y un amplio almacén. La Casa fue bendecida el 10 de marzo de 2001 por el párroco Luque Requerey y el consiliario Fray Ricardo de Córdoba, con la presencia de la junta directiva y numerosas autoridades, consolidándose como un espacio fundamental para la vida de la Hermandad y la custodia de su patrimonio.
En mayo de 2002, Manuel Aguilera fue elegido hermano mayor, continuando la línea de crecimiento iniciada en la década anterior. Durante su mandato, la Hermandad culminó el dorado del paso de misterio en 2009 y finalizó en 2010 el bordado del palio de Nuestra Señora del Buen Fin, realizado por el taller de bordado propio de la Hermandad, dirigido por Antonio Villar y formado por doce mujeres cofrades, responsables también del techo de palio y del manto de salida de la Virgen del Refugio. Estas actuaciones consolidaron un espacio artístico propio dentro de la corporación.
En paralelo, la Hermandad vivió momentos destacados en el ámbito musical y social. En la fiesta de Regla de 2003 se estrenó la marcha “Reina del Cielo en su Buen Fin”, compuesta por Eusebio Jiménez e interpretada por la Banda de Música “Cristo del Amor”. Durante 2004 y 2005 se nombraron hermanos honorarios a Pablo Estévez Aranda y Rafael Fernández, en reconocimiento a su labor dentro de la corporación. La Hermandad también reforzó su vinculación con la parroquia, participando activamente en catequesis, asistencia social y en Cáritas, fortaleciendo sus lazos con el barrio y la comunidad.
El año 2005 supuso otro momento relevante con la celebración del IV Encuentro Nacional de Hermandades, Cofradías y Pasos de Descendimiento, que reunió a numerosas corporaciones y bandas de música, consolidando a la Hermandad como referente en la Semana Santa cordobesa. Entre 2006 y 2007, las obras de rehabilitación del Puente Romano obligaron a planificar un cambio de recorrido, aunque finalmente no se llevó a cabo por causas climatológicas. En 2010, debido a nuevas obras en la Puerta del Puente, el itinerario incluyó el Puente de Miraflores y la calle Santo Cristo, rememorando los orígenes de la Hermandad en su barrio fundacional.
Durante este periodo, el paso de palio experimentó una importante renovación de orfebrería, sustituyendo los antiguos respiraderos de tela por otros de orfebrería calada e incorporando cartelas con escenas de la Pasión y de la vida de María. La Virgen del Buen Fin fue sometida en 2009 a una restauración integral a cargo del imaginero Francisco Romero Zafra, que intervino tanto en su estructura interna como externa, mientras que en 2010 se estrenaron nuevas imágenes de los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, realizadas por Alfonso Castellano, solucionando problemas de peso, desproporción y conservación del Cristo del Descendimiento.
De esta forma, la Hermandad cerró la década consolidando su crecimiento patrimonial, artístico, social y devocional, reforzando sus lazos con el barrio, la parroquia y la comunidad cofrade, y sentando las bases para los años venideros.
Nuevo Hermano Mayor y consolidación de la Hermandad (2010–2018)
En junio de 2010, José Enrique Domenech Rodríguez fue elegido como nuevo Hermano Mayor, tras haber desempeñado previamente el cargo de Vice Hermano Mayor y formado parte de varias juntas de gobierno. Su toma de posesión se produjo en septiembre de ese mismo año, marcando el inicio de un período caracterizado por la continuidad de los proyectos iniciados por sus predecesores y, al mismo tiempo, por la apertura a nuevas iniciativas. Uno de los primeros objetivos de su mandato fue reorganizar el Grupo Joven de la Hermandad, revitalizando la participación de las generaciones más jóvenes y fortaleciendo el vínculo de la juventud con la vida cofrade.
Durante este periodo, la Hermandad enfrentó varios desafíos significativos. En diciembre de 2010, un derrumbe parcial del falso techo de la parroquia obligó al cierre de la misma y, con ello, a la suspensión del Triduo que se preparaba en honor a la Virgen del Buen Fin. Las imágenes debieron ser trasladadas nuevamente a la Casa de Hermandad, donde se habilitó una capilla provisional, demostrando la capacidad de adaptación y resiliencia de la corporación ante las adversidades.
El periodo de mandato de José Enrique Domenech también estuvo marcado por circunstancias excepcionales en la Semana Santa. Durante los años 2011, 2012 y 2013, la Hermandad no pudo realizar la Estación de Penitencia debido a la lluvia, un hecho sin precedentes en la historia de la corporación, que sorprendió incluso a los hermanos de más antigüedad. No obstante, estas dificultades no menguaron el compromiso de la Hermandad con la devoción y la vida cofrade.
En el marco del Año de la Fe, declarado por el Papa Benedicto XVI, la Hermandad tuvo el honor de participar activamente en el Vía Crucis Magno, representando una de las estaciones junto a las Hermandades del Sepulcro y de las Angustias. En este acto, el paso de misterio de la Hermandad, presidido por el Santísimo Cristo del Descendimiento, presidió la estación correspondiente al Descendimiento, reforzando su papel como referente devocional dentro de la Diócesis de Córdoba. La apertura de este Año de la Fe se realizó con una Salida Extraordinaria del Custodio de Córdoba, el Arcángel San Rafael, que procesionó por las calles de la ciudad tras más de cuarenta años de ausencia.
El mandato de José Enrique Domenech también estuvo marcado por pérdidas significativas para la Hermandad. A finales de 2012 falleció Joaquín Moya, hermano costalero destinado en Afganistán, dejando un vacío notable en la cuadrilla de costaleros de Nuestra Señora del Buen Fin. En octubre de 2013, la Hermandad sufrió otra pérdida dolorosa con el fallecimiento de su hermano honorario Rafael Fernández Caballero, miembro fundador y colaborador activo en numerosas actividades, cuya memoria continúa presente en la corporación.
A nivel patrimonial, durante estos años se completó la orfebrería del paso de palio de Nuestra Señora del Buen Fin, incorporando los candelabros de cola realizados por Manuel Aguilera Villanueva, hermano y orfebre de la Hermandad, bajo diseño propio. Este logro consolidó tanto la imagen del paso de palio como la proyección artística de un cofrade “de la casa”, capaz de contribuir de manera destacada al patrimonio de la Hermandad. La etapa de José Enrique Domenech quedó, por tanto, marcada por la continuidad, la consolidación del Grupo Joven, la participación en actos de relevancia diocesana y la protección del patrimonio, manteniendo la cohesión y vitalidad de la corporación.
En junio de 2014, José Enrique Domenech fue reelegido como Hermano Mayor, comenzando así su segundo mandato. Durante estos años, la Hermandad continuó creciendo tanto social como patrimonialmente, multiplicando las actividades caritativas y culturales. El Grupo Joven alcanzó un período de máxima actividad, consolidándose como pilar fundamental de la vida diaria de la corporación.
En lo patrimonial, se estrenaron un nuevo juego de bocinas para abrir el cortejo procesional tras la Cruz de Guía, un nuevo Simpecado para el tramo de nazarenos de Nuestra Señora del Buen Fin, varas de presidencia y de orden, nuevos ciriales y pértiga para el tramo de misterio, así como nuevos ropajes para las imágenes del Santísimo Cristo del Descendimiento. En 2015, la Hermandad participó en la Magna Mariana “Regina Mater”, con motivo del 775º aniversario de la consagración de la Santa Iglesia Catedral, un evento que reunió a todas las imágenes marianas de Córdoba capital y provincia distinguidas con la Coronación Canónica. Nuestra Parroquia de San José y Espíritu Santo acogió días antes a las Hermandades de Ntra. Sra. María Santísima del Campo y Ntra. Sra. de los Remedios, consolidando la Hermandad como un referente devocional y organizativo dentro de la ciudad.
Finalmente, en junio de 2018 se celebraron elecciones históricas por la concurrencia de dos candidaturas y una amplia participación de los hermanos, con más de doscientos votos emitidos. N.H. Manuel Aguilera Villanueva fue elegido Hermano Mayor Electo, convirtiéndose en el más joven en presidir la Hermandad con apenas 29 años. Su elección marcó un nuevo hito generacional, reforzando la continuidad de la Hermandad mediante una Junta de Gobierno que combinaba la experiencia de miembros veteranos con un sólido grupo de hermanos comprometidos con la renovación y el futuro de la corporación.
Nueva Junta de Gobierno resultante de las elecciones de Junio de 2018.

























