• X
  • Facebook
  • Instagram
  • Youtube
  • Rss
  • Mail
  • ÁREA DE HERMANOS
  • Secretaría
    • ¡Hazte Hermano!
    • Formulario Tratamiento Datos Personales
    • Contactar con Secretaría
  • Archivo
    • Boletínes Cuaresma
    • 75º Aniversario Fundacional
    • Via Crucis Magno
    • IV Encuentro Descendimiento
    • La Hermandad en la Prensa
  • Calendario
  • Contacto
Hermandad del Descendimiento (Córdoba, España)
  • Hermandad
    • Historia
    • Sede Canónica
    • Estatutos
    • Reglamento Régimen Interno
    • Junta de Gobierno
    • Grupo Joven
    • Cultos
    • Acción Social
    • Casa de Hermandad
  • Titulares
    • Stmo. Cristo del Descendimiento
    • Ntra. Sra. del Buen Fin
    • Ntra. Sra. de los Dolores y del Rayo
    • Mª Stma. del Refugio y S. Juan
    • Imágenes Secundarias
  • Cofradía
    • Estación de Penitencia
    • Normas Estación de Penitencia
    • Recorrido 2.023
    • Acompañamiento Musical
  • Patrimonio
    • Paso de Misterio
    • Paso de Palio
    • Guión Procesional
    • Patrimonio Musical
    • Patrimonio Literario
  • Noticias
  • Multimedia
    • Galería Fotográfica
    • Videos
  • Menú Menú
  • Hermandad
    • Historia
    • Sede Canónica
    • Estatutos
    • Reglamento Régimen Interno
    • Junta de Gobierno
    • Grupo Joven
    • Cultos
    • Acción Social
    • Casa de Hermandad
  • Titulares
    • Stmo. Cristo del Descendimiento
    • Ntra. Sra. del Buen Fin
    • Ntra. Sra. de los Dolores y del Rayo
    • Mª Stma. del Refugio y S. Juan
    • Imágenes Secundarias
  • Cofradía
    • Estación de Penitencia
    • Normas Estación de Penitencia
    • Recorrido 2.023
    • Acompañamiento Musical
  • Patrimonio
    • Paso de Misterio
    • Paso de Palio
    • Guión Procesional
    • Patrimonio Musical
    • Patrimonio Literario
  • Noticias
  • Multimedia
    • Galería Fotográfica
    • Videos
Programa de Actos Conferencias Crónica del Encuentro Galería de Fotos
Programa de Actos Conferencias Crónica del Encuentro Galería de Fotos

Conferencias

La Hdad.del Descendimiento, 68 años de historia...La Semana Santa Cordobesa: estilo y...Regiliosidad en el mundo de las CofradíasRestauración del Paso del Descendimiento de Córdoba
AnteriorPosterior

“La Hermandad del Descendimiento, sesenta y ocho años de historia, costumbres y tradiciones”

Por N.H. D. Pedro Pablo Herrera Mesa

Entre las distintas conferencias que la hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento y Nuestra Señora del Buen Fin de la ciudad de Córdoba ha organizado para este IV Encuentro Nacional, la nuestra se ocupa precisamente de su historia. En ella haremos un recorrido general a lo largo de sus casi siete décadas de existencia, deteniéndonos en los momentos que hemos considerado más importantes o dignos de mención.

Dos han sido nuestras credenciales para que hayamos aceptado con extremada satisfacción realizar este trabajo. Por un lado, venir trabajando en el campo de la investigación histórica durante bastantes años. Por otro, el que consideramos más fundamental, ser cofrade del Descendimiento desde nuestra lejana infancia, es decir, desde hace más de sesenta años y haber desempeñado el cargo de cronista-archivero a lo largo de varias décadas.

Hemos pretendido aunar el rigor científico de la investigación histórica con nuestro sentir cofrade sustentado en el intenso amor a nuestros Sagrados Titulares. Creemos haber podido conciliar en el presente trabajo la Ciencia y la Fe.

Si partimos del presupuesto de considerar a la Historia “ maestra de la vida” en el sentido utilitario de que es reveladora de las virtudes y errores humanos para que perseveremos en aquéllas y no repitamos éstos, este conocimiento se hace aún más positivo cuando se reflexiona ante el devenir de estas comunidades cristianas como son las hermandades de penitencia. Pues aquí entra en juego la fe y el amor de unos cofrades que, a pesar de sus limitaciones y defectos, pero con gran espíritu de sacrificio y abnegación, han ido superando los diversos obstáculos que a través de distintas épocas, muchas de ellas más difíciles que las actuales, se les han ido presentando. Mas como expresaba San Pablo a Timoteo: “…el labrador ha de fatigarse antes de percibir los frutos” , este nutrido grupo de cofrades ha venido trabajando, algunos casi toda su vida en el seno de la cofradía, conscientes de obtener una copiosa cosecha traducida en que su hermandad creciera en virtud para mayor gloria de Cristo y de su Madre . De este modo, acercándonos a las vivencias de los hermanos que nos han precedido, la historia, sin dejar de ser ciencia, puede servirnos como una vía de perfección cristiana.

La presente conferencia por razones obvias de tiempo y espacio, no pretende ser una historia exhaustiva, ocasiones habrá en el futuro (D.m.), para ello. Expondremos los hechos más significativos que se sucedieron a lo largo de las distintas etapas de existencia de la hermandad.

La fuente fundamental de este trabajo se encuentra en la historia de la hermandad que tuvimos ocasión de realizar y publicar en 1987 con motivo del cincuentenario de la cofradía. Esta conferencia es, pues, una síntesis y una puesta al día de dicho estudio que aprovechamos para corregir algunas inexactitudes y ampliarlo con el análisis de las dos últimas décadas de gran esplendor para la hermandad.

I. LA PREHISTORÍA: HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LAS ÁNIMAS.

I.1: Inicios.

Los antecedentes de la actual hermandad del Descendimiento hay que buscarlos en los albores del siglo XX en la ribereña ermita del Santo Cristo que se erige a la izquierda del que se introduce en el barrio del Campo de la Verdad procedente del Puente Romano.

Es cierto, como ha documentado el historiador Juan Aranda Doncel, que ya en la segunda mitad del siglo XVI existió en Córdoba una cofradía penitencial del Descendimiento en la iglesia dominicana de San Pablo, pero desapareció pronto y por supuesto no tiene relación alguna con la nuestra.

La ermita citada fue fundada en 1760 por el clérigo de menores Salvador Salido y Millán con el fin de dar culto al Cristo de las Ánimas o de la Misericordia en terrenos cedidos por el Ayuntamiento. En su testamento ordenó ampliar el recinto con la venta de una colección de antigüedades que poseía. Pronto la pequeña imagen de Jesús Crucificado suscitó la devoción de la barriada e incluso de otros lugares de Córdoba, como lo probaban la cantidad de exvotos que llenaban sus paredes y las procesiones que con su imagen se realizaban en rogativas por la lluvia. Sin embargo, la cofradía teniendo como titular a dicha imagen no se fundó hasta 1877, más de un siglo después de la construcción de la ermita. Y además tendría una corta existencia, ya que en 1890 desaparecería. Sin embargo, a finales de 1903, se empezó a organizar una hermandad para dar culto a una imagen de San José que en la ermita se veneraba. Mas la creación de este clima de devoción sirvió de prólogo para que se volviera a fundar la hermandad del Cristo de las Ánimas. Fue el entonces capellán de San José y Espíritu SantoEvaristo Espino quien estimuló a aquellos jóvenes para que la imagen del crucificado que tanta devoción concitaba tuviera su cofradía. Por ello, el 16 de febrero de 1908, quedó refúndala la hermandad constituyéndose la primera junta de gobierno cuyo primer hermano mayor fue Ricardo Barbudo Guirao .

I.2: Esplendor.

A partir de esta fecha se va a iniciar una etapa esplendorosa y de gran actividad en la cofradía. Abundarían las celebraciones litúrgicas y actos sociales que tendrán eco incluso fuera del barrio. Entre las primeras destacaba el solemne mes de Ánimas que incluía una novena en la que predicaba cada día un clérigo distinto en dicho recinto.

También contribuía a la celebración de los tradicionales festejos que tenían lugar en la barriada con motivo de la festividad de la Santa Cruz. Fiestas que tenían eco en toda la ciudad, ya que se organizaba un servicio especial de carruajes desde el céntrico paseo del Gran Capitán hasta el real de la feria. La parte religiosa de esta fiesta la constituía una solemne celebración religiosa matutina, y por la tarde una procesión con la Santa Cruz que era organizada por la hermandad, además esta institución aprovechaba estos festejos para realizar obras de caridad entre las familias más menesterosas.

Pero donde con mayor claridad se manifestaría esta etapa de brillantez fue cuando los componentes de la hermandad decidieron incorporar a la procesión oficial del Viernes Santo cordobés el paso de misterio del Descendimiento. Desde aquel momento la cofradía pasaría a llamarse: “Hermandad de nazarenos del Santo Cristo de las Ánimas, Sagrado Descendimiento de Cristo Nuestro Señor y María Santísima del Rayo”.

Dicho paso estaba integrado por un crucificado que aún se venera en la parroquia de San José y Espíritu Santo, conocido como Cristo de la Caridad , ya que el Cristo de las Ánimas no podía formar parte del misterio por su reducido tamaño. También se incluía la antigua imagen de la Virgen del Rayo , titular actual de una cofradía de gloria, otra imagen antigua de San Juan Evangelista , además de los Santos Varones y las Tres Marías de escaso valor artístico.

La cofradía hacía su estación de penitencia el Viernes Santo entre los pasos del Cristo de Gracia y la Virgen de las Angustias. Fueron estos años de la primera mitad de la segunda década del siglo XX de gran auge para la cofradía cuya nómina de cofrades y cofradas alcanzó la cifra de ciento veinte. Sin embargo pronto entraría en una etapa de decadencia que terminaría con su extinción.

I.3: Incendio y Desaparición.

El inicio de la crisis hemos de situarlo en un voraz incendio que dañó enormemente el recinto y a la mayoría de las imágenes que en él se hallaban.

El Viernes Santo, 2 de abril de 1915, el paso de misterio del Descendimiento había realizado su estación penitencial como de costumbre en la procesión oficial del Santo Entierro. Aún no había sido desmontado dicho paso cuando en la noche del domingo 18 de abril se produjo el siniestro. Su causa no se pudo averiguar, aunque se manejó la hipótesis de que una vela encendida prendiera el altar. Sin embargo las imágenes centrales del paso de misterio: El Cristo, la Virgen y San Juan, pudieron ser salvadas del pasto de las llamas y ser restituidas a su parroquia. No cupo la misma suerte a la imagen titular del Cristo de las Ánimas , que unos días después fue hallado por un vecino del Campo de la Verdad entre los escombros totalmente mutilado. La gran devoción que toda Córdoba sentía por la imagen se hizo patente en la inmediata suscripción popular que se abrió para la restauración del crucificado y de la ermita. El pueblo cordobés respondió positivamente con sus donativos a esta llamada, pues en poco más de un año, tanto el Cristo como la ermita se encontraban ya perfectamente restaurados por los artistas de más prestigio del momento: el escultor Victoriano Chicote y el arquitecto Adolfo Castiñeira.

Aparentemente este incidente no afectó a la cofradía, pues siguió realizando su estación penitencial los dos años siguientes: 1916 y 1917; sin embargo, a partir de 1918 dejó de hacerlo para más tarde desaparecer, bien ese mismo año o en 1919. No sabemos la causa exacta de su ocaso, sólo establecer la hipótesis de que como consecuencia del incendio y la consiguiente destrucción de enseres, la cofradía no pudiera afrontar los gastos y terminara por dejar de existir.

Con ello se cierra esta primera etapa que hemos llamado prehistoria de la hermandad . Habrían de transcurrir casi dos décadas para que otro grupo de cofrades decidieran llevar a cabo el alumbramiento de una nueva hermandad, la actual, que recogiera la tradición del barrio del Campo de la Verdad de dar culto al misterio del Descendimiento.

II: HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DEL DESCENDIMIENTO.

II.1: ETAPA INICIAL (1937-1940).

II.1.a: Ambiente de la ciudad en 1937.

En la historia de nuestra hermandad hemos establecido varias etapas siguiendo un criterio metodológico. La primera arranca lógicamente desde su fundación y la hemos hecho coincidir con los años de la Guerra Civil, pues el ambiente que se respiraba en la ciudad en aquellos momentos fue determinante para que a lo largo de estos años y los inmediatos de la posguerra nacieran o se prefundaran numerosas cofradías. La del Descendimiento junto con la de la Misericordia serían las pioneras de este movimiento, pues ambas se fundaron en 1937.

La ciudad de Córdoba desde el primer día del alzamiento militar había quedado en zona nacional, aunque formando prácticamente un islote, ya que casi toda la provincia estaba tomada por el bando republicano.

Era inevitable sustraerse del ambiente bélico del momento. La prensa local informaba de los movimientos de los frentes establecidos en la provincia: Espiel , Villaharta, Calatraveño…en aquel verano trágico de 1937. No faltaban además los anuncios cotidianos de los numerosos consejos de guerra, y para que los cordobeses estuviesen informados de las alocuciones propagandísticas que desde Sevilla emitía el general Queipo de Llano se habían instalado altavoces en lugares céntricos de la capital. También en la Catedral, el día 10 de junio, dos días después de la fundación de nuestra hermandad, se celebraron solemnes funerales por el alma del general Mola , fallecido recientemente en accidente aéreo.

Pues bien, a este panorama de guerra se sumaba un fuerte sentimiento religioso en gran parte de la población. La circunstancia ya expuesta de que Córdoba había quedado en la zona nacional motivaría la pronta asimilación del sentido de cruzada que la misma Iglesia y por supuesto los dirigentes del bando nacional habían dado a la contienda civil, de ahí que en numerosas ocasiones los ideales políticos se fundieran con las creencias religiosas. Se empezaba a gestar lo que más tarde se conocería como el “nacionalcatolicismo” .

Es en este ambiente cuando se va a iniciar el movimiento de fundación de hermandades penitenciales con el objetivo primordial de dar culto externo a sus sagradas imágenes titulares. Ceremonias que apenas si pudieron efectuar en la mayoría de los años de la II República. No hemos de olvidar que meses antes en Córdoba, al igual que en otros lugares, habían sido quemadas iglesias con la consiguiente desaparición de numerosas imágenes.

II.1.b: Fundación y primeros estatutos.

En este ambiente descrito de aquella Córdoba nacional tenía lugar en la primavera de 1937 una tertulia de jóvenes amigos en un céntrico café cordobés. De sus charlas surgió el deseo unánime de fundar una nueva cofradía para dar culto a una imagen de Cristo y contribuir de ese modo a impulsar la religiosidad popular dentro de aquel clima tan propicio.

Los componentes de este grupo eran de extracción social modesta, ya que eran empleados o pequeños profesionales autónomos. El procedimiento seguido para la fundación fue un poco peculiar. No surgió de la devoción a una determinada imagen, ni de la vinculación a un templo concreto donde se venerara algún Cristo o Virgen. Aquellos aspirantes a cofrades decidieron dirigirse a varias iglesias para solicitar de sus párrocos licencia y apoyo para sus pretensiones. A pesar de aquella atmósfera tan favorable no lo tuvieron fácil, pues chocaron con la negativa de algunos clérigos a que se fundara una cofradía en sus respectivos templos. Mas no cesaron en el empeño y en su deambular alguien recordó que en el barrio del Campo de la Verdad, años antes, había existido una hermandad que había procesionado el misterio del Descendimiento. Hacia aquella barriada, entonces en las afueras de la ciudad, dirigieron sus pasos siendo recibidos por el párroco accidental de San José y Espíritu Santo Miguel Muñoz Barrón , ya que el titular Rodrigo Madrid Mesa se encontraba fuera de la ciudad a consecuencia de la guerra.

Aquí sí fueron acogidos con entusiasmo y dicho ecónomo les animó en su empresa poniendo a su disposición las antiguas imágenes del Crucificado, Virgen del Rayo y San Juanque habían formado parte del misterio de la extinta cofradía del Cristo de las Ánimas.

Ante tan favorable acogida aquel grupo empezó a trabajar con celeridad constituyendo una comisión gestora que elaboró unos estatutos para que fueran aprobados por el obispo.

Junto al borrador de dichas reglas, con fecha 28 de abril de 1937, enviaron al prelado un oficio firmado por José Villar, Rafael Redondo, Fernando Raya y Rafael del Rosal en que solicitaban su aprobación y la consiguiente erección de la hermandad. Argumentaban en su solicitud “levantar el ánimo religioso de los vecinos del Campo de la Verdad.” A dicho documento se adjuntaba un informe del cura ecónomo en que demandaba la creación de la cofradía en la parroquia de San José y Espíritu Santo, insistiendo en que contribuiría a resurgir el apagado espíritu religioso de los feligreses.

Poco más de un mes más tarde, el 8 de junio de 1937, eran aprobados los estatutos y en un decreto adjunto con la misma fecha, firmado por el obispo de Córdoba Adolfo Pérez Muñoz,quedaba erigida la “Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento”. Los estatutos originales se desarrollaban en ocho artículos.

La primera junta de gobierno estuvo presidida por Manuel Salinas Navarro , propietario agrícola vinculado al barrio, quien regiría la hermandad más de dos décadas. En dicha junta se alternaban muchos de los tertulianos, que no eran del barrio, con algunos vecinos de la barriada.

El primer acto litúrgico realizado fue la misa de fundación que se celebró en la parroquia de San José y Espíritu Santo, sede canónica de la nueva hermandad, el domingo 20 de junio del mismo año, a las 9,30 de la mañana. La ceremonia fue oficiada por el canónigo Mariano Ruiz-Calero , quien en su sermón comparó el sufrimiento de Cristo Crucificado con el que en aquellos momentos se cernía sobre la patria. A tan solemne acto asistieron representantes de diversas hermandades y numerosos fieles. Y dicha celebración no pudo desligarse de la triste coyuntura histórica por la que atravesaba España. Así, al final de la misa se cantó un Te Deum en acción de gracias por los triunfos del glorioso ejército, especialmente por la reciente toma de la ciudad de Bilbao. Y se acordó enviar al Cuartel General del Generalísimo un telegrama en los siguientes términos: “Secretario General de S.E. el Generalísimo. Coincidió _ Gloria a Dios! _ Gloria a España! _ Salve Franco!, festividad constitución Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento. Parroquia de San José con toma de Bilbao. Cantase Te Deum. _ Viva España! Hermano Mayor M .Salinas.”

De ese modo empezaba su andadura una nueva cofradía penitencial en la ciudad de Córdoba. Una hermandad que, aunque nueva, recogía la tradición cofrade del barrio del Campo de la Verdad de dar culto al sagrado misterio del Descendimiento, utilizando además las dependencias de la ermita del Santo Cristo de las Ánimas para secretaría y almacén de la hermandad.

II.1.c: Primeras estaciones de penitencia y primer misterio.

El primer desfile penitencial realizado por la cofradía fue en la Semana Santa de 1938. A las carencias propias de una hermandad recién fundada que partía prácticamente de cero, hemos de sumar el perfil de la mayoría de sus componentes que eran de extracción social modesta. El Campo de la Verdad en aquellos años era un barrio constituido en su mayoría por jornaleros agrícolas eventuales, lo que le daba una impronta de pueblo rural. Si a esto sumamos la penuria económica por la que atravesaba el país en aquellos momentos motivada por la guerra, comprenderemos que la primera procesión organizada por la cofradía contara con unos medios muy precarios. En efecto, se disponía de las imágenes del antiguo misterio del Descendimiento: el llamado Cristo de la Caridad, la Virgen del Rayo , llamada así porque según la tradición salió indemne de un rayo que cayó en su altar, y San Juan Evangelista. Los dos Santos Varones fueron realizados por el escultor Nielfa que talló solamente las cabezas y extremidades, pues iban vestidos con túnicas. El sencillo paso de madera de Flandes, barnizado en tono oscuro, fue realizado por el vocal José Redondo , que en los años siguientes se enriquecería con cartelas talladas y cuatro grandes faroles realizados por el también vocal Fernando Villafuerte . Se compraron portacirios de madera a los que se les incorporó un depósito de petróleo que con algodón y mecha alumbraban con más economía. Las túnicas y otros elementos del guión fueron prestados o donados por otras cofradías veteranas como la del Calvario o las Angustias . Sólo se pudo estrenar con presupuesto de la hermandad una sencilla Cruz de Guía, tres campanillas y cinco varas.

Así el Jueves Santo, que fue el día asignado, a las 7 de la tarde, la banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja abría el primer cortejo procesional de la hermandad formado por unos cincuenta nazarenos que acompañaban al paso llevado a hombros bajo la dirección de Antonio Sáez , el popular “Tartalilla”. La cofradía salía de la ermita del Santo Cristo, pero debido a la estrechez de su puerta el paso debía de ser montado en la calle.

Conscientes los miembros de la junta de gobierno de que las imágenes heredadas no encajaban en el misterio del Descendimiento, ya que el Cristo era un crucificado normal, concibieron la ambiciosa idea de encargar un grupo escultórico de gran valor artístico capaz de suscitar la devoción del barrio y de la ciudad.

De nuevo los avatares de la Guerra Civil iban a estar relacionados con la hermandad.

Efectivamente, por vicisitudes de la contienda bélica apareció por Córdoba un joven escultor valenciano que echaría raíces en esta ciudad y que de su taller instalado en el casco histórico saldría la mayoría de la producción de su copiosa obra artística. Amadeo Ruiz Olmos pronto entró en contacto con algunos miembros de la directiva y acogió la idea de éstos con entusiasmo, se hizo hermano de la cofradía y enseguida realizó la maqueta de todo el misterio formado por el Cristo, la Virgen, San Juan, los dos Santos Varones y las tres Marías, todos ellos para ser tallados en madera totalmente y después ser dorada, estofada y policromada. Proyecto tan atractivo como irrealizable para aquellos modestos cofrades. No obstante se decidió realizarlo por etapas. Aquel mismo a _ o se encargó la imagen del Titular y la de María Magdalena. La imagen del Cristo , la de más valor artístico del grupo, representa a Jesucristo en el momento de estar siendo desenclavado de la cruz. Su brazo derecho, libre ya del clavo, pende en el aire, mientras que el cuerpo continúa unido al madero por el brazo izquierdo y los pies, de ahí que la parte superior del tronco esté ligeramente inclinada hacia delante.

La imagen de la Magdalena es la de una mujer joven de bellas facciones en actitud implorante, de rodillas, con las manos entrelazadas y la mirada elevada hacia Cristo. Aunque de talla completa se realizó para ser vestida.

También debido a que los vestidos de José de Arimatea y Nicodemo no eran demasiado dignos, Ruiz Olmos los revistió con escayola y cartón.

El importe total de las dos nuevas imágenes fue de 7.200 ptas. abonadas en diez plazos entre 1938 y 1940. La imagen del Cristo fue terminada en 1938, fecha que figura en la parte superior del sudario junto al nombre del artista. Sin embargo, su bendición se realizó en una fiesta solemne en su parroquia el 19 de febrero de 1939. Y cuando a principios de abril de aquel año, coincidiendo con el fin de la Guerra Civil, se celebró el Viernes Santo, la hermandad del Descendimiento procesionaria por primera vez su imagen Titular que actualmente veneramos. Y decimos bien el Viernes Santo, porque el Jueves Santo su día de salida, no la pudo realizar a causa de la lluvia. Fue como una premonición de que años más tarde la cofradía pasaría a realizar su estación penitencial el Viernes Santo hasta la actualidad.

De este modo, en el año 1939 quedaría configurado el Primer Misterio procesionado por esta hermandad. A las nuevas imágenes de Cristo y la Magdalena le acompañarían las antiguas de la Virgen del Rayo y San Juan Evangelista que fueron levemente retocadas por R. Díaz, y las de los Santos Varones reformados por el citado Amadeo Ruiz .

II.2: ETAPA DE CONSOLIDACIÓN (1940-1953).

Este nuevo período va a estar marcado por un considerable y continuo auge de la Semana Santa cordobesa. La lista de nuevas hermandades iniciada con la Misericordia y elDescendimiento se irá incrementando con la fundación o refundación de otras a lo largo de estos años. Un hito importante para nuestra Semana Santa será la creación en 1944 de laAgrupación de Cofradías que aglutinará a todas ellas en unos ideales, objetivos y actuaciones comunes. Se iniciarán los primeros pregones a cargo de oradores ilustres comoFederico García Sanchiz o José M _ Pemán .

En este ambiente la hermandad del Descendimiento , dentro de su modestia, iría alcanzando importantes logros que analizamos a continuación.

II.2.a: Cultos y actividades.

Durante esta etapa, de acuerdo con sus estatutos, la hermandad celebraba diversos actos litúrgicos a lo largo del año: misas en el altar del Cristo todos los segundos domingos de mes, un ejercicio litúrgico a principios de año en honor del Niño Jesús , honras fúnebres en el mes de noviembre por los cofrades difuntos y continuando con la tradición de la hermandad deÁnimas se organizaban en el mes de mayo fiestas religiosas en honor de la Santa Cruz . Aunque la celebración por excelencia era el quinario en honor del Stmo. Cristo en la segunda semana de cuaresma que culminaba con la solemne Fiesta de Regla. En él predicaban los más conocidos oradores sagrados del momento. Tampoco olvidaba la hermandad contribuir a paliar las abundantes necesidades del barrio. Así, el día de la Fiesta de Regla, ofrecía un desayuno a los niños de las escuelas públicas. También enviaban donativos a los Hermanos de las Escuelas Cristianas…etc…

Y por supuesto, era objeto también de su atención el incremento de su desfile penitencial. El primitivo paso fue ampliado y el Cristo estrenó una nueva cruz cortada por el mismo imaginero. Se realizaron cien equipos completos de nazarenos y numerosos atributos, sobre todo el estandarte de terciopelo rojo bordado por las Madres Filipensas en 1946.

II.2.b: Consecución de dos importantes logros.

Fue durante esta etapa cuando la hermandad afrontó dos perentorias necesidades de gran calado con resultado positivo a pesar de su precaria economía.

En primer lugar la construcción de una nave donde albergar el paso. Por otro lado la realización de unas nuevas andas.

El primer proyecto era muy necesario, ya que resultaba incómodo e inapropiado montar y desmontar el paso en plena calle todos los Jueves Santos.

La nueva nave con las licencias necesarias, tanto municipales como eclesiásticas, fue construida en el antiguo cementerio parroquial anexo a la iglesia. Para ello se procedió a la secularización de dicho cementerio y a la construcción de un osario con los restos hallados. El nuevo recinto medía 10m. de largo por 5m. de ancho y se accedía por una gran puerta de 5,30m. por 3m. La obra quedó terminada en 1945. De este modo los cofrades vieron cumplido este proyecto que creían definitivo sin saber que duraría menos de una década, como más adelante explicaremos.

La segunda empresa que acometió la hermandad fue la de realizar un nuevo paso acorde con el proyecto del misterio realizado por Ruiz Olmos . Aunque el paso antiguo era armonioso resultaba pequeño y soportaba con dificultad el peso de las imágenes. Así en el verano de 1948 el vocal José Redondo comenzó los primeros trabajos de carpintería del nuevo paso que es el actual. La talla fue encomendada al artista sevillano residente en Córdoba Antonio Corrales León . Es de estilo barroco, recreándose el artista en la ornamentación recargada de los respiraderos, canastilla y cresterías. Tales andas se estrenaron en la Semana Santa de 1949, obligando a alargar el itinerario de la cofradía, pues su considerable tamaño impedía su paso por la calle Fernán Pérez de Oliva, teniendo que desplazarse hasta Puerta Nueva para alcanzar el Arroyo de San Lorenzo y Santa María de Gracia camino de la Carrera Oficial.

En años sucesivos y en diversas fases se realizó el dorado a cargo de Francisco Peno y los hermanos Mesa . Su culminación tuvo lugar en 1952 con el estreno de las cuatro cartelas de las esquinas con las cabezas de los evangelistas tallados por José Callejón . El precio del tallista se elevó a 15.000 ptas. Y el del dorador a 4.675 ptas. Al siguiente año, por su excesivo peso, el paso empezó a ser llevado con ruedas, costumbre que se iría imponiendo por esta época en numerosas hermandades.

Para recaudar fondos a fin de sufragar estos excesivos gastos los directivos recurrieron a distintas fuentes de financiación. Entre ellas destacamos una peculiar rifa muy adaptada al medio rural donde residía la hermandad. En combinación con la lotería nacional del 25 de octubre de 1948 se rifaron tres regalos: el primer premio consistía en una magnífica piara de 18 cabras y el segundo era un hermoso cerdo. El tercero, más asequible, era una máquina de coser Alfa. Imaginamos los esfuerzos que tendrían que hacer los cofrades para colocar dichas papeletas fuera del barrio del Campo de la Verdad.

Así pues, con el alcance de estos objetivos se culminó esta etapa de consolidación de la hermandad, pues a partir del año siguiente, 1953, entraría en una larga etapa de crisis.

II.3: ETAPA DE CRISIS (1953-1981).

Este largo período de casi tres décadas lo hemos considerado como de doble crisis, pues a la que sufrió particularmente la hermandad en su propio seno hemos de añadir la decadencia que experimentó la Semana Santa cordobesa por esta época. En tan larga etapa hemos de situar, empero, un punto de inflexión, de resurgimiento, en la delicada situación que se encontraba la cofradía, que fue la llegada de una nueva junta de gobierno en 1963 con un bagaje de proyectos e ilusiones que hizo desvanecerse el fantasma de la desaparición.

II.3.a: El proyecto frustrado de nuevas imágenes.

Una vez terminado el nuevo paso la directiva afrontó con ilusión hacer realidad el proyecto de Ruiz Olmos , es decir, a las imágenes del Cristo y la Magdalena añadir las de laVirgen, San Juan, los Santos Varones y las dos Marías , todas ellas talladas totalmente en madera dorada, estofada y policromada. Como el proyecto excedía ampliamente los límites económicos de la hermandad recurrieron esta vez, no a una pintoresca rifa, sino a la organización de un espectáculo de envergadura como era una corrida de toros.

Sin embargo el resultado fue de un gran fracaso, pues la hermandad no sólo no obtuvo beneficios, sino que quedó fuertemente endeudada, arrastrando un déficit durante bastantes años. El proyecto del imaginero hubo de esperar. Las causas de este descalabro económico habría que buscarlas en la falta de experiencia en este tipo de espectáculos de la comisión organizadora, pues se eligió un cartel caro y con poca garra formado por seis diestros. Incluso el día elegido fue muy poco taurino: el día de Todos los Santos de 1953. Al día siguiente en la prensa local el cronista taurino y también cofrade relataba el acontecimiento con ironía haciendo una parodia del “Tenorio”.

II.3.b: La nueva barriada de Fray Albino: consecuencias en la hermandad.

La llegada a la diócesis cordobesa del obispo dominico Fray Albino González en 1946 iba a suponer un cambio de gran trascendencia en el urbanismo de la ciudad, pues la ingente obra social que puso en marcha significó la aparición de dos nuevas barriadas de casas unifamiliares para clases modestas: el barrio de Cañero y el Campo de la Verdad. La construcción de este último, que se desarrollaría desde finales de los años cuarenta hasta mediados de la siguiente década iba a repercutir de manera importante en la hermandad delDescendimiento. Aunque no en la forma deseada, la arribada de los nuevos vecinos supuso un incremento en las filas de nazarenos, mas no en la junta directiva; sólo poco a poco, a través de los años se fueron incorporando a ella algunos de los nuevos habitantes del barrio.

Pero lo que iba a repercutir de modo más considerable en la hermandad sería el abandono de la nave donde se alojaba el paso, la cual había sido construida a expensas de la cofradía apenas un decenio antes. En efecto, el proyecto de las obras de la Asociación Benéfica la Sagrada Familia, constructora que se había formado para ejecutar las obras de la nueva barriada, contemplaba también la ampliación de la parroquia. Para ello era necesario demoler la nave a fin de construir la nueva casa parroquial. A cambio se construyó la actual sede, una nueva nave detrás de la parroquia con la puerta orientada hacia el Este, que es propiedad de la hermandad en régimen vitalicio. Al ser de mayores dimensiones que la anterior, la hermandad pudo disponer en su fondo de dos habitaciones que servirían de secretaría y almacén, por lo que desde aquel momento, año 1956, se abandonaron las dependencias de la emita del Santo Cristo de Ánimas.

Sin embargo este cambio supuso una contrariedad momentánea, pues debido a la duración de las obras y a que el paso hubo de ser desmontado, la cofradía no pudo realizar su estación de penitencia en 1955. La Semana Santa siguiente tampoco la pudo hacer, esta vez a causa de la lluvia. También en este mismo año de 1956 una comisión vetó por su escaso valor artístico la salida en procesión de varias imágenes de la Semana Santa cordobesa, entre ellas las de los Santos Varones . Éstos, aunque sus caras estaban bien talladas y la disposición en el paso estaba bien concebida, hemos de recordar que sus ropajes eran de cartón-piedra.

En este mismo año, por sugerencia del obispo Fray Albino , la hermandad hubo de cambiar su día de salida del Jueves al Viernes Santo, por ser éste el día más adecuado litúrgicamente, y desde entonces lo viene realizando hasta la actualidad.

II.3.c: Fin de un período. (1960-1962).

A pesar de que la hermandad por estos años atravesaba un período de languidez y debilidad, el entusiasmo de algunos miembros de la junta de gobierno y el olvido del fracaso del festival taurino hicieron poner en marcha de nuevo el antiguo proyecto del imaginero valenciano que ascendía ya a la elevada suma de 230.000 ptas. de la época. Esta vez la hermandad huyendo de aventuras taurinas abrió en varias entidades financieras una suscripción pública para tal fin. Los fondos recogidos no fueron suficientes para tan ambicioso proyecto, sin embargo se pudieron realizar las imágenes de la Virgen y San Juan , las cuales fueron bendecidas por el párroco y consiliario Antonio Gómez Aguilar en la cuaresma de 1960. Las antiguas imágenes de la Virgen del Rayo y San Juan pasaron a ser custodiadas en la sede de la hermandad.

Aunque este logro pudo servir de incentivo para el ánimo de los miembros de la junta directiva, el decaimiento era evidente y tras más de dos décadas al frente de la cofradía su primer y único hermano mayor hasta la fecha Manuel Salinas Navarro dimitió por razones de edad en 1962. Se alzó una etapa transitoria en la hermandad a cuyo frente se puso el futuro presidente de la Agrupación de Cofradías Rafael Salinas Martínez , hijo del anterior hermano mayor, que desde hacía varios años venía desempeñando el cargo de vice-hermano mayor. La crisis de la hermandad entró en su fase más aguda.

II.3. d : Resurgimiento dentro de la crisis: nueva junta de gobierno y nuevos proyectos. (1963-1981).

El ejercicio del cargo de hermano mayor por Salinas Martínez fue solamente transitorio, pues dimitió junto a su junta directiva ese mismo año de 1962. Desde ese momento la hermandad había quedado acéfala. Ante esta situación el inolvidable y querido párroco Antonio Gómez Aguilar puso manos a la obra para que la hermandad no desapareciera. Para ello propuso como nuevo hermano mayor a Pedro Herrera Martínez , uno de aquellos contertulios fundadores del café Chastang y que había sido miembro clave en la junta de gobierno desde hacía más de veinte años.

De este modo, en los inicios de 1963, se formó una nueva junta directiva donde se mezclaban veteranos con nuevos cofrades. La crisis de la hermandad había tocado fondo.

Lógicamente estos nuevos dirigentes acometieron la empresa cargados de ilusiones. El primer objetivo que se trazaron fue el de completar el grupo escultórico de Ruiz Olmos con la talla de José de Arimatea y Nicodemo , pues desde 1956 en que fueron vetados el paso salía sin los Santos Varones , figuras imprescindibles en el misterio del Descendimiento.

Nuevamente se acudió al mismo imaginero para realizar dichas tallas. El presupuesto se elevó a 150.000 ptas. 100.000 ptas. por las dos imágenes y el resto para la necesaria reforma que debía experimentar el paso a fin de acoplar en él las nuevas efigies.

Por fin en la primavera de 1968 el párroco y consiliario Bartolomé Menor Borrego en una sencilla ceremonia bendijo dichas imágenes de madera tallada y policromada igual que las anteriores. La distribución que ideó Amadeo Ruiz , fiel a su proyecto original, consistía en que un Varón subido en lo alto de la escalera se dispone a desclavar el brazo izquierdo deCristo , aún unido a la cruz. El otro, en pie desde el suelo, asido con fuerza a la sábana con la que se ha atado a Cristo , aguanta su peso. Esta nueva disposición contemplaba la utilización de una sola escalera.

Un año más tarde, en 1969, se procedió a la reforma de Maria Magdalena realizada por el mismo autor treinta años antes pero sin tallarle el ropaje, lo cual hizo ahora para que estuviera en consonancia con las demás imágenes. La directiva desistió de encargar la talla de las otras dos Marías debido a su excesivo peso, a pesar de que el paso desde la primera mitad de los cincuenta era movido con ruedas.

De este modo quedaba completado el Segundo Misterio de la hermandad.

Otra empresa que acometió esta junta fue la reforma de la capilla a fin de que tuviera la suficiente amplitud para acoger a todas las imágenes del grupo. A instancias del párroco se cambió la primitiva capilla de la hermandad por la del Sagrario, al fondo de la nave de la Epístola, que es la que actualmente sigue ocupando. El mismo Bartolomé Menor pintó el mural del fondo del altar que quedó inaugurado con una misa solemne en la cuaresma de 1975 por el nuevo párroco Enrique Albendín Romero.

En esta etapa se consiguió aumentar el número de nazarenos e incrementar el guión procesional y sobre todo la hermandad a través de su junta directiva formó parte de la junta parroquial colaborando en todas las tareas pastorales, siguiendo así las pautas del reciente concilio Vaticano II.

Sin embargo, a pesar de que este nuevo y largo período fue ilusionante para la cofradía, ésta no se pudo sustraer de la crisis que padecía la Semana Santa de Córdoba desde finales de la década de los cincuenta y que alcanzó su culmen en el siguiente decenio. Los años del desarrollismo con el consiguiente éxodo hacia el campo o las playas de numerosos españoles en su utilitario durante las vacaciones incidió negativamente en la celebración de la Semana Santa. Por otro lado el lógico desgaste y agotamiento de aquella generación de cofrades de la posguerra que aún se mantenía en el timón de la Agrupación de Cofradías y de numerosas hermandades cordobesas fueron en gran parte la causa de este decaimiento. Hacía falta un relevo generacional que no se empezaría a producir hasta entrada la década de los setenta.

II. 4 : ETAPA ACTUAL DE ESPLENDOR (1981-2005).

En la historia de la Semana Santa de Córdoba en el siglo XX podemos situar un hito, un punto de inflexión hacia mediados del decenio de los setenta. La crisis a la que hemos aludido anteriormente fue desvaneciéndose poco a poco por estas fechas. La renovación y auge de antiguas cofradías y la continua aparición de otras nuevas marcaron este cambio positivo hacia una época de esplendor de la que aún gozamos. Las causas fueron diversas, pero quizás la más significativa fue el relevo generacional experimentado en la mayoría de las hermandades y sobre todo en la cúpula de la Agrupación de Cofradías. Efectivamente, en el verano de 1975, una nueva directiva formada en su mayoría por jóvenes sustituyó a la anterior compuesta mayormente por miembros de la generación que engrandeció a la Semana Santa de Córdoba durante la Guerra Civil y la posguerra. Desde el citado órgano los aires de renovación se irían extendiendo prácticamente a todas las cofradías lo largo de esta década y la siguiente.

II.4.a: Período de Pablo Estévez Aranda (1981-1994).

Después de dieciocho años de estar al frente de la hermandad y más de cuarenta en la junta de gobierno Pedro Herrera cesó en el cargo por su avanzada edad sustituyéndolo Pablo Estévez , miembro de la cofradía desde su niñez y que había ejercido distintos cargos en la directiva.

En la nueva junta predominaban miembros de edades más jóvenes. En 1981, pues, había llegado a esta hermandad el relevo generacional.

Pronto este hecho se iba a traducir en numerosas realizaciones concretas que incorporaría a la hermandad al ya nutrido grupo de las renovadoras en nuestra Semana Santa.

El primer proyecto de envergadura que asumió la nueva junta fue el de incorporar a la hermandad un paso de palio.

Nuestra Señora del Buen Fin.

Perdida la oportunidad de incorporar a la antigua Virgen del Rayo que había sido custodiada en la sede de la hermandad desde que fue sustituida por la Dolorosa de Ruiz Olmos , hubo que buscar otra imagen de Nuestra Señora.

El motivo fue que a solicitud del nuevo párroco José Luque Requerey la citada imagen de la Virgen del Rayo se trasladó a la parroquia para recibir culto, mas poco tiempo después, bajo su inspiración, se fundó la actual cofradía de gloria de la que es Titular dicha imagen dolorosa.

Antes de poseer la nueva imagen fue Fray Ricardo de Córdoba , religioso capuchino muy vinculado a la cofradía como consiliario, director espiritual o asesor artístico, quien sugirió la advocación del Buen Fin. Triple buen fin por su parto, por la muerte de su Hijo y por su buen fin en la Tierra

Fue el mismo religioso quien puso en contacto en 1985 a los miembros de la directiva con los anticuarios sevillanos hermanos Morillo que eran propietarios de una imagen de la Virgen de la que sólo disponían de la cara y el busto, la cual agradó y fue adquirida por la hermandad.

Hemos de hacer constar que es totalmente errónea la información que siempre se nos ha transmitido y que se ha venido publicando que dicha imagen es de principios del siglo XX. YaAlberto Villar Movellán , catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Córdoba y natural de Sevilla, advirtió de que la imagen fue realizada en 1980 por el imagineroManuel Hernández León para el pueblo sevillano de Salteras con la advocación de Nuestra Señora de los Dolores ; sin embargo ésta fue cambiada por dichos señores Morillopor otra de Dubé de Luque originándose una gran polémica. Finalmente dicha imagen fue adquirida, como hemos citado por la hermandad cordobesa del Descendimiento. Los mismos anticuarios se encargaron de hacerle las manos y el candelero. Se corrobora esta tesis en un reciente artículo publicado en la revista “Córdoba Cofrade” por María Herrera Hidalgo en que inserta una carta escrita por el imaginero Hernández León en la que da fe de su autoría en 1979.

Pero independientemente de este dato histórico lo importante para la hermandad fue que esta imagen una vez adquirida fue traída a Córdoba y bendecida solemnemente el 12 de octubre de 1985 en una misa concelebrada por el párroco José Luque , el consiliario Antonio Carreras y el propio Fray Ricardo de Córdoba . Así en los estatutos aprobados en 1986 por el obispo José Antonio Infantes Florido figuraba ya el nuevo nombre de la cofradía: “Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento y Nuestra Señora del Buen Fin”.

Cincuentenario de la hermandad (1937-1987).

Una de las actividades que con más entusiasmo asumió esta nueva junta fue la celebración del cincuentenario de la fundación de la hermandad. Para ello programó una serie de actividades, unas individuales y otras conjuntas con la hermandad cordobesa de la Misericordia que también cumplía el medio siglo de su fundación.

Así se celebraron actos de convivencia, exposiciones y ciclos de conferencias organizados por las dos cofradías.

El pregón del cincuentenario fue realizado con gran brillantez por Fray Ricardo de Córdoba . Y él mismo fue el encargado de coronar a Nuestra Señora del Buen Fin en una función religiosa celebrada el 22 de marzo de 1987. Todos estos actos culminaron en una solemne misa concelebrada por varios párrocos y consiliarios de la hermandad en diferentes épocas de su historia en el mes de junio de ese mismo año, al cumplirse los cincuenta años.

Pero el acto más importante y trascendente de todas estas celebraciones fue la primera estación de penitencia realizada por Nuestra Señora del Buen Fin en aquella Semana Santa, concretamente el Viernes Santo diecisiete de abril.. Dicha imagen fue llevada en paso de palio por treinta hermanos costaleros bajo la dirección de Rafael Casado . Tal acontecimiento fue de gran brillantez y de gran repercusión para la hermandad, ya que dicha imagen pronto provocó la devoción popular de su barrio: el Campo de la Verdad.

Renovación del paso de misterio.

Un proyecto revolucionario que decidió acometer la hermandad fue la sustitución total de todas las imágenes del misterio, excepto la del Cristo . Aunque las imágenes de Ruiz Olmosposeían gran valor artístico no encajaban con el gusto imaginero andaluz, y sobre todo con el triunfo de la moda actual de llevar los pasos por costaleros al compás de marchas procesionales, pues resultaba imposible este sistema por su excesivo peso, de ahí que tuviera que ser llevado con ruedas.

Hubo, no obstante, que realizar previamente la restauración de la imagen del Cristo , ya que después de más de medio siglo de sufrir las oscilaciones térmicas de esta ciudad y de recibir más de un aguacero las maderas habían sufrido un desajuste en sus ensamblajes y un gran deterioro en su encarnadura. El delicado trabajo restaurador fue llevado a cabo por el joven imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado , discípulo del artista sevillano Luís Álvarez Duarte . Su actuación fue perfectamente realizada dándole una nueva policromía de contraste que resaltaba más su anatomía. También le talló una nueva cruz. La imagen, una vez restaurada, fue trasladada en febrero de 1992 desde la ermita del Socorro , próxima al taller del imaginero, hasta su parroquia en solemne Vía Crucis.

El mismo autor se encargaría de ir tallando en varias etapas las nuevas imágenes del misterio, todas ellas de candelero, es decir, de vestir. Así en 1993 fueron bendecidas la Virgen del Refugio, dolorosa que eleva su mirada hacia su Hijo, y la de San Juan Evangelista que con sus manos extendidas hacia la Virgen intenta acogerla para mitigar su dolor. Ambas efectuaron su primera estación de penitencia ese mismo año.

Al año siguiente, en 1994, se estrenaron los Santos Varones . La nueva disposición ideada por González Jurado es completamente distinta a la de Ruiz Olmos . Tanto José de Arimatea como Nicodemo estás subidos en sendas escaleras a la misma altura. Mientras uno aguanta con la sábana el cuerpo de Cristo con el brazo derecho ya desclavado, el otro con las tenazas se dispone a liberar del clavo el otro brazo, de ahí que ambas imágenes están inclinadas hacia delante con una pierna extendida hacia atrás para hacer contrapeso. El imaginero ha impregnado de gran barroquismo dicha composición. Este hecho unido a la necesaria reforma del paso realizada por el entonces capataz Antonio Requena permitió que desde 1994 el misterio pudiera ser llevado a hombros por 48 costaleros.

Otras actividades.

Fruto de esta rica etapa de florecimiento la hermandad realizó numerosas actividades, tanto litúrgicas como sociales. Entre las primeras, además del tradicional quinario, fiesta de Regla y besapiés, se comenzó a realizar un Vía Crucis por las calles del barrio con motivo del traslado de las imágenes Titulares desde la iglesia a las andas para su posterior desfile procesional.

Respecto a Nuestra Señora del Buen Fin se instituyeron varios cultos: una misa el último domingo de cada mes y un triduo a finales de octubre, que actualmente se ha cambiado al mes de diciembre. También el IV Domingo de Adviento se oficia una misa por el buen fin de su parto. Por último, el 15 de agosto, festividad de la Asunción , se celebra una solemne misa por el buen fin de su vida en la Tierra. En los años 1987 y 1988 fue sacada en procesión por la barriada este mismo día.

La hermandad también colabora en diversas campañas de Manos Unidas y Caritas. Y realiza la Campaña de Navidad y la del Juguete en la víspera de Reyes.

Precisamente en este período se empezó a instalar un Nacimiento que ha recibido varios premios gracias al trabajo y creatividad del mismo Pablo Estévez y el directivo Rafael Fernández.

Otra actividad iniciada en esta época fue la edición de un boletín anual.

Y como actividad material de envergadura realizada en este período debemos señalar la reforma emprendida en la antigua nave con su saneamiento y construcción de dos nuevas dependencias para la cofradía, obra realizada por numerosos hermanos convertidos en albañiles.

Para financiar todas estas actividades la hermandad recurrió algunos a _ os al montaje de una Cruz de Mayo en la Plaza de la Iglesia y desde 1992 hasta hoy a la instalación de una caseta de feria que gracias al sacrificio agotador de muchos cofrades y cofradas es la fuente de financiación principal de todos estos proyectos.

II.4.b: Período de José Luís Martínez Villoslada (1994-2002).

Después de estar Pablo Estévez casi trece años al frente de la cofradía, fue elegido como nuevo hermano mayor José Luís Martínez Villoslada que hasta entonces había ejercido el cargo de secretario. Este relevo supuso para la cofradía la continuidad del período de apogeo.

El primer objetivo que se trazó José L. Martínez fue el de completar las imágenes del nuevo misterio de González Jurado . Así, en la Semana Santa de 1997 se bendijo y realizó su primera estación de penitencia la bella imagen de María Magdalena. Ésta, una de las más logradas del citado imaginero, aparece arrodillada bajo la cruz y asida a los pies de Cristo . Finalmente el Viernes Santo de 1999, después de ser bendecidas días antes por el párroco José Luque Requerey , realizaron su primera estación de penitencia las imágenes de Maria Salomé y Maria de Cleofás . Con ellas se completaba el Tercer Misterio que la hermandad del Descendimiento de Córdoba ha dado culto y procesionado.

Reforma del paso.

Cumplido el anterior objetivo se hacía necesaria de inmediato la adaptación del paso al nuevo misterio.

Aunque se barajaron distintas opciones, la hermandad tomó la sensata decisión de conservar las valiosas andas que poseía. Evidentemente después de medio siglo de haber sido tallado dicho paso necesitaba urgentemente una profunda actuación. Esta delicada tarea le fue encomendada al joven artista José Carlos Rubio Valverde perteneciente a una saga de reputados tallistas cordobeses. Su trabajo consistió en alargarlo de costero y reducirlo de frontal consiguiendo un efecto más proporcionado. Al mismo tiempo le sustituyó los candelabros arbóreos y las cuatro cabezas de los evangelistas de las esquinas por otras más reducidas, aunque siguiendo fielmente el modelo de José Callejón . El paso desde entonces ha mejorado en esbeltez y por ello desde el Viernes Santo de 2001 ha podido transitar por las angostas calles de la Judería y hacer estación de penitencia en la Catedral. Los cuarenta costaleros estuvieron dirigidos por el actual capataz Antonio Estévez Villafuerte .

Concluida la reforma del paso se afrontó la no menos ardua tarea del dorado, labor que actualmente se realiza por fases en el mismo taller de Rubio Valverde.

Casa de Hermandad.

Otro objetivo alcanzado en esta etapa fue la adquisición de un local y su posterior adaptación para Casa de Hermandad.

Dicho recinto está situado en la calle Fernández de Córdoba numero 2, frente a la sede de la hermandad. Ocupa una superficie de 150 metros cuadrados distribuidos en distintas estancias: Salón-Exposición con vitrinas donde se exponen el ajuar y guión de la cofradía, una Sala-Museo donde han quedado expuestas las antiguas imágenes de Ruiz Olmos, después de su estancia transitoria en el Museo Diocesano donde fueron depositadas; además de las cartelas y evangelistas del paso de misterio antes de ser reformado. También dispone de una sala para Secretaría y otra más pequeña sirve de Archivo . Finalmente dispone de dos Servicios, y un amplio Almacén para guardar enseres.

La realización de esta obra se hizo realidad gracias al intenso y desinteresado trabajo de algunos miembros de la hermandad. Fue bendecida el 10 de marzo de 2001 por el párrocoLuque Requerey y en presencia del consiliario Fray Ricardo de Córdoba , la junta directiva y numerosas autoridades.

Otras Actividades.

Entre las muchas actividades realizadas en esta etapa destacaremos sólo las más trascendentes.

Efeméride digna de registrar fue la inauguración del nuevo rótulo callejero con el nombre “Paseo Cristo del Descendimiento” que nomina a toda la acera que ocupa nuestra sede, es decir, la fachada oriental de la parroquia y las viviendas contiguas. El solemne acto que tuvo lugar el 16 de mayo de 1999 fue precedido de una eucaristía en la parroquia. Al momento inaugural asistieron gran cantidad de hermanos y feligreses y diversas autoridades, entre ellas el entonces alcalde de Córdoba Rafael Merino .

Tuvieron lugar también en este período dos solemnes celebraciones de aniversario. Una de ellas fue el décimo aniversario de la bendición de Ntra Señora del Buen Fin. Para conmemorar el acontecimiento el entonces Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Córdoba y cofrade de la hermandad Luís Martín Luna pronunció en el mes de octubre de 1995 el Pregón del Aniversario. A este aniversario se quiso sumar también el desaparecido párroco José Luque Requerey componiendo la “Salve a la Virgen Del Buen Fin” que desde entonces se entona en todos los actos dedicados a dicha Virgen.

La otra celebración fue la del Sesenta Aniversario de la fundación de la hermandad. Por ello el 29 de junio de 1997 se ofició una misa solemne concelebrada por el párroco José Luque y el consiliario Fray Ricardo. En dicha eucaristía actuó la “Schola Gregoriana Cordubensis” contribuyendo a su esplendor.

En esta época, concretamente en 2001 y 2002, se estrenaron dos marchas procesionales. A la ya existente desde la época de Pablo Estévez: ”Buen Fin del Descendimiento” del maestroConde se unieron dos dedicadas al Cristo . La titulada “Descendimiento” compuesta por José Luís Cabanillas, director de la banda de cornetas y tambores “N.P. Jesús Caído” y la“Santísimo Cristo del Descendimiento” de Israel Guijarro de la “Agrupación Musical Ntra. Sra. de la Fuensanta” .

Otro hecho de suma importancia fue la aprobación de los nuevos Estatutos por los que actualmente se rige la hermandad. Dichas reglas adaptadas al Estatuto-Marco fueron aprobadas el 12 de octubre de 1999 por el obispo Javier Martínez Fernández y en ellas se registra el nuevo nombre de la cofradía: “Hermandad del Stmo. Cristo del Descendimiento, Maria Stma. del Refugio, San Juan Evangelista y Ntra. Sra. del Buen Fin”.

Todos estos hechos y actividades no hicieron olvidar las distintas fases de actuación sobre el paso de palio, tanto en la parte de orfebrería como en el bordado de terciopelo y costura. Para esto último se creó un taller constituido por varias cofradas.

Y por supuesto se intensificaron las actividades litúrgicas según contemplan los estatutos, además de las asistenciales y sociales que ya se realizaban en períodos anteriores.

II.4.c: Período actual de Manuel Aguilera Camacho (2002-2005).

Después de ocho años de intensa actividad al frente de la hermandad, en el mes de mayo de 2002 fue elegido el actual hermano mayor Manuel Aguilera , anterior tesorero.

Su actuación en los tres años transcurridos sigue la misma línea de sus predecesores: a través de un intenso y entusiasmado trabajo ir culminando los diferentes objetivos que quedan por concluir en la cofradía. Así se sigue llevando a cabo en distintas etapas el dorado del paso de misterio. Por otro lado el paso de palio se ha visto enriquecido con el bordado de las bambalinas y la adquisición de una nueva candelería. Del mismo modo se sigue incrementando el guión de la cofradía.

Hemos de señalar también que en la fiesta de Regla de 2003 se estrenó una nueva marcha dedicada a Ntra. Sra. del Buen Fin compuesta por Eusebio Jiménez e interpretada por la banda de música “Cristo del Amor” . Y en la de 2004 fue nombrado hermano mayor honorario Pablo Estévez Aranda.

Después del fallecimiento del párroco José Luque Requerey tomó posesión en julio de 2002 el actual Pedro Soldado Barrios. Con su llegada los lazos fraternales de la hermandad con la parroquia se han intensificado, reflejándose en la colaboración de la hermandad con las distintas tareas parroquiales: catequesis, asistencia, Cáritas… Y por supuesto en todos los actos de culto que ordenan los estatutos.

Hasta aquí hemos expuesto los momentos y aspectos más importantes de la historia de nuestra hermandad que deseamos hayan abierto camino para su mejor conocimiento y comprensión.

Es una verdad incuestionable aquella de que “ no se puede amar lo que no se conoce” . Nosotros, como exponíamos al principio, con nuestra doble faceta de cofrade e historiador, hemos pretendido no sólo presentar simplemente los múltiples avatares de esta cofradía, sino al mismo tiempo a través de su análisis profundizar en el esfuerzo y sacrificio de las generaciones de cofrades que nos precedieron, los cuales gozan ya, estamos seguros, de la presencia de Cristo y de su Santísima Madre , porque consiguieron cumplir con creces el principal objetivo que se propusieron al fundar la hermandad: “levantar el ánimo religioso de los vecinos del Campo de la Verdad”. Hoy es evidente que las imágenes de nuestros Titulares mueven intensamente la devoción de los feligreses constituyendo el principal exponente de la religiosidad popular de la barriada. A ellos pues, queremos dedicar este humilde trabajo de investigación. Porque siguiendo su ejemplo de abnegación y entrega aspiramos a haber podido despertar un amor profundo a nuestros Titulares proyectado en un deseo de perfección y compromiso cristiano traducido en solidaridad y ayuda hacia nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados. Si no fuese así, nuestra tarea se quedaría en un mero envoltorio o fachada externa más o menos anecdótica o erudita, como muy bien nos señala nuestro actual obispo Juan José Asenjo en su reciente pastoral dirigida a los cofrades de la diócesis.

Si este deseo lo hemos logrado, aunque sólo sea en parte, nos daríamos por satisfechos.

La Semana Santa cordobesa: estilo y personalidad en el contexto andaluz

N.H. D. Antonio Varo Pineda

Sean en primer lugar mis palabras de agradecimiento a la hermandad del Descendimiento, a la que me honro en pertenecer desde hace ya casi veinte años, por haberme invitado a este encuentro donde cofrades reunidos por la misma advocación y procedentes de varios puntos de nuestra geografía vamos a intercambiar experiencias y conocimientos sobre el mundo de las hermandades y cofradías, para hacerlas vida práctica –al menos eso es lo que se persigue– cuando los que no seáis de Córdoba retornéis a vuestros puntos de origen.
La presente ponencia sólo pretende ser una primera aproximación a lo que la Semana Santa de Córdoba es en la actualidad, con el fin de informar sobre todo a los cofrades de allende nuestros límites locales sobre la realidad cofrade cordobesa en el momento presente.

Auque lo mío no son los números, conviene situar en un marco cuantitativo la primera parte de esta intervención. Córdoba es una ciudad de tipo medio, que supera ligeramente los 300.000 habitantes, según los datos censales más recientes. En su Semana Santa salen en la actualidad un total de 36 hermandades de penitencia integradas en la Agrupación de Hermandades y Cofradías, de las que 35 cubren la carrera oficial y una, la de Las Palmeras, recorre solamente las calles de su barriada.

El número exacto de cofrades inscritos en las hermandades cordobesas es más difícil de precisar de lo que parece. Si hacemos caso de las cifras aportadas por las propias cofradías, el total de cofrades de esta ciudad podría superar la cifra de 20.000. Pero no olvidemos que es bastante frecuente la múltiple militancia, de modo que una misma persona puede pertenecer, al menos formalmente, a varias hermandades, por lo que el número que acabamos de dar no resulta significativo. Digamos que al menos la cuarta parte de los cofrades pertenecen a más de una hermandad, con lo que esa cantidad queda reducida de forma no radical pero sí significativa.

Mayor precisión puede aportar el número de hermanos que efectivamente participan en las estaciones de penitencia. En este sentido, hay que señalar el estancamiento producido en los últimos años, que sitúa en torno a 9.000 los cofrades que forman parte, en total, de los cortejos penitenciales. El año 2005 nos proporcionó exactamente un total de 9.010 nazarenos, lo que significa un promedio de poco más de 267 nazarenos por cofradía, aunque algunas hermandades se acercan a los 600 y otras llegan con dificultad el centenar. Digamos por ejemplo que la cofradía del Descendimiento que hoy nos congrega supera ligeramente este promedio, con 282 nazarenos.

En cuanto a los costaleros, llevan a 61 de los 64 titulares de nuestra Semana Santa. Las cifras de que dispone la Agrupación de Cofradías elevan hasta poco más de 1.200 el número de costaleros cordobeses, que divididos entre los 61 pasos nos dan un promedio de unos 20 costaleros por paso, cifra abiertamente insuficiente dado que el promedio de costaleros por paso se acerca a los 40, lo cual nos habla de que, con notoria asiduidad, en Córdoba se da el caso de costaleros que sacan más de un paso. El antiguo capirotero que se vestía de nazareno en varias cofradías, y que hoy es una especie total o casi totalmente extinguida, que ha dado paso a la pujante figura del costalero sacapasos, al que hay que reconocerle que, dada la escasez real de personas dispuestas a colocarse bajo las trabajaderas, contribuye a que se pongan en la calle las imágenes de nuestros titulares, que de otra forma se quedarían en sus templos o, en el mejor de los casos, tendrían que volver a procesionar sobre las denostadas ruedas; en el apartado del debe, sin embargo, hay que anotarles que desvirtúan de forma sustancial la esencia del llamado hermano–costalero que protagonizó en casi toda Andalucía la revolución de los años setenta y ochenta del pasado siglo.

Por días de salida y con indicación del número de nazarenos, tenemos el siguiente cuadro:

COFRADÍAS
PASOS
NAZARENOS
DOMINGO DE RAMOS
6
14
1677
LUNES SANTO
6
9
1454
MARTES SANTO
6
10
1104
MIÉRCOLES SANTO
5
10
1305
JUEVES SANTO
6
8
1203
MADRUGADA
1
2
154
VIERNES SANTO
5
9
1357
DOM. DE RESURRECCIÓN
1
2
171

TOTAL
36
64
9010

Quizá a personas de fuera de Córdoba les sorprenda que en nuestra ciudad no tengamos procesiones el Sábado Santo, o que haya una sola cofradía en la Madrugada del Viernes Santo, que en otras latitudes es la jornada principal de la Semana Santa; o tal vez les llame la atención que el Jueves Santo, otro de los días grandes, tenga sólo ocho pasos en sus seis hermandades, lo que lo convierte en el día con menos pasos en las calles (obviamente, después de la reducida Madrugada y del Domingo de Resurrección). A la vista de estos datos, y al menos en cuanto a los datos numéricos, el gran día de la Semana Santa cordobesa es el Domingo de Ramos, con seis cofradías que procesionan catorce pasos, ya que dos hermandades de esa jornada –la Oración en el Huerto y el Amor– son las únicas de Córdoba con tres pasos. Pero, con independencia de estos datos, el gran día de nuestra Semana Santa, en cuanto a presencia de público en las calles, es lógicamente el Jueves Santo, porque para algo cuenta con el peso de la tradición y con la presencia de cuatro de las hermandades más antiguas y enraizadas en el mundo cofrade de la ciudad.

UNA TRADICIÓN RECIENTE

La Semana Santa de Córdoba, aunque hunde sus raíces remotas, como en casi todas partes, en los inicios de la Edad Moderna, es en realidad una tradición reciente, o al menos es reciente la pujanza que en ella se señala en los últimos años. Puede resultar significativo saber que hace un siglo, en 1905, había en nuestra Semana Santa menos de diez cofradías: las Angustias, los Dolores, la Oración en el Huerto, el Cristo de Gracia, el Calvario, Jesús Caído y el Santo Sepulcro. La hermandad penitencial más antigua y con historia ininterrumpida de las que hoy hacen estación es la de Nuestra Señora de las Angustias, cuyos primeros documentos datan de 1558. Si seguimos hablando de historia ininterrumpida, tenemos que avanzar hasta 1699, fecha de origen de la hermandad de los Dolores, y seguir hasta 1722, cuando se funda la del Calvario. Del siglo XVIII, pero más avanzado, es la de Jesús Caído. Todas las demás cofradías que existieron en Córdoba antes del siglo XX se extinguieron en la centuria decimonónica o incluso en el propio siglo XX, aunque algunas fueron refundadas con posterioridad y reincorporadas a la Semana Santa.

Y es que en la historia de la Semana Santa de Córdoba hay una enorme laguna negra, que se inicia en 1820 y se prolonga durante casi un siglo por obra y desgracia del tristemente célebre decreto del obispo Trevilla, un prelado de tristísima memoria que firmó ese año la suspensión de todas las procesiones de Semana Santa, reduciéndolas a una de carácter oficial –la del Santo Entierro–, que se celebraría el Viernes Santo con la participación, tan sólo, de algunos de los pasos y hermandades que hasta entonces habían salido en sus propias procesiones y barrios. Las resistencias que hubo a la aplicación de ese decreto y las protestas de las cofradías, contundentes en algunos casos –sobre todo en la provincia–, no lograron evitar que la inmensa mayoría de las hermandades de la capital se desvanecieran lentamente a lo largo del XIX, quedando la Semana Santa reducida a una mínima expresión al terminar la centuria.

Hubo que esperar a los inicios del siglo XX para contemplar el inicio de un paulatino despertar. Antes de 1936 se fundan tres nuevas hermandades: en 1905 la del Cristo de Gracia adopta la forma penitencial; en 1918 comienza su andadura la cofradía de la Expiración, y en 1927 se constituye la del Resucitado.
De la absoluta modernidad de la Semana Santa cordobesa da idea el hecho de que bastante más de la mitad de las hermandades que en ella hacen estación han sido creadas o reorganizadas después de la Guerra Civil. En 1937, en plena contienda, se fundan las cofradías de la Misericordia y el Descendimiento, aunque la que hoy nos reúne hizo su primera estación en 1938. De hecho, 24 de las 35 hermandades que solicitan la venia en el palquillo de entrada en carrera oficial se han fundado a partir de 1939, aunque en algunos casos disponen de antecedentes históricos más o menos remotos y casi siempre bastante discutibles.

¿UN ESTILO PROPIO O IMPORTADO?

Precisamente esta larga interrupción histórica de que hablamos ha podido ser la causa de que en el mundillo cofrade cordobés se discuta, a veces de forma ciertamente acalorada, si existe en nuestra Semana Santa un estilo propio, es decir, unas señas de identidad que la personalicen y la diferencien en el marco de la Semana Santa andaluza.
Simplificando mucho en aras de la brevedad, vamos a intentar sintetizar en las siguientes líneas las dos posturas extremas que sobre este punto se dan en la ciudad.

Comencemos por la que podríamos llamar tesis sevillanista (utilizaremos esta palabra, aunque reconocemos que es muy poco rigurosa desde luego, para facilitar la comprensión de lo que vamos a decir). Parten de la base de que en Córdoba no hay tradición cofrade propia, o la que hubo se perdió completamente como efecto del decreto de Trevilla. Según los partidarios de esta tendencia, “dado que en Córdoba no hay tradición propia porque se rompió con el decreto de Trevilla, hay que tomar los modelos de la ciudad andaluza que más destaca por su Semana Santa, que además queda tan sólo a 140 kilómetros”. La idea no es de ahora: “Córdoba copia la forma externa de Sevilla”, decía con contundencia, en 1978, el padre Federico Gutiérrez en las páginas preliminares del primer libro de síntesis que se publicó sobre la Semana Santa de Córdoba.
Los partidarios de la que, simplificando igualmente, llamaremos tesis cordobesista, reclaman que “existe una tradición cordobesa genuina, que no necesita copiar modelos externos”, y consideran una concesión cualquier atisbo de adaptación o mimesis de los llamados “modelos sevillanos”. Según esta teoría, hay elementos suficientes, al menos en la documentación histórica, para recrear más o menos artificialmente esta tradición interrupta, aunque a veces se haya creado algo de nueva planta, o con algunas influencias foráneas.

Una tercera vía podría ser la de quienes por un lado importan con más o menos desparpajo el modelo sevillano –habría que precisar más, el modelo sevillano juanmanuelino, porque la Semana Santa de Sevilla no es del todo uniforme– y por otro buscan en la historia de las cofradías de Córdoba con el fin de hacerle “recuperar” costumbres, prácticas o formas estéticas de las que, efectivamente, hay constancia documental, pero llevan tanto tiempo fuera la memoria colectiva que permiten que la inmensa mayoría del pueblo cordobés las contemple, en realidad, como novedades absolutas.
¿Cuándo empieza esa influencia sevillana? Si hacemos caso a la prensa de la época, ya en 1937, según decía el Diario de Córdoba, la hermandad de la Misericordia “desfiló al estilo de Sevilla”, asignando ese origen al hecho de que pidió la venia antes de entrar en carrera oficial, una costumbre, al parecer, hasta entonces inédita en nuestra capital. Pero curiosamente esta cofradía, a la que me honro en pertenecer desde mi nacimiento, ha sido considerada como una de las que constituyen, al menos parcialmente, el paradigma de un cierto cordobesismo cofrade.

Por otra parte, la hermandad cuyas formas procesionales se suelen poner como prototipo de este cordobesismo, la del Remedio de Ánimas, hizo su primera estación en 1950, cuando ya llevaba cinco años en la calle la de la Buena Muerte, que fue la primera que hizo gala abiertamente su carácter sevillano, con imágenes de Castillo Lastrucci, orfebrería de Jesús Domínguez y bordados de Esperanza Elena Caro: fue en efecto la primera hermandad cuyo patrimonio, en su totalidad, se realizó a la sombra de la Giralda. Pero es que por esas mismas fechas, hacia los años centrales del pasado siglo, se marca una época que algunos recuerdan como de influencia malagueña, con pasos de palio de grandes dimensiones (como los de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, de la hermandad de la Misericordia, o de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, de la de Jesús Caído). No olvidemos que se atribuyen a esta influencia otros aspectos estéticos que han marcado durante décadas a algunas cofradías; por no alargar la lista citaremos la existencia de pasos de palio achaflanados, como el antiguo de las Angustias (que salió hasta 1957), el de la Virgen del Amor de la cofradía de Pasión (que adoptó la forma convencional en 1992) o el de la Virgen de la Paz y Esperanza, que aún sigue saliendo con esa peculiaridad; y soto esto sin olvidar el paso de Nuestra Señora de los Dolores, realizado en los años de la Guerra Civil, que no lleva palio pero sí tiene forma ochavada.

A la hermandad del Remedio de Ánimas, que citamos más arriba, hay que dedicar al menos unas líneas, pensando sobre todo en los cofrades de fuera de Córdoba que nos honran hoy con su presencia. Considerada por cierto sector como el ejemplo típico de estilo cofrade cordobés, es desde luego la que más atrae la atención de los que nos visitan en Semana Santa. La configuración de su cortejo es efectivamente llamativa, sobre todo para los más habituados al canon sevillano–juananuelino: sus nazarenos sustituyen los cirios por faroles y rezan en voz alta el rosario de Ánimas; las bandas tras los pasos se convierten en dos coros encapuchados, uno masculino que canta el Miserere gregoriano tras el Cristo y otro, de voces femeninas, que entona el Stabat Mater tras el de la Virgen; la intensa nube de incienso que envuelve a los pasos, que siguen avanzando sobre ruedas… Todo ello configura una estética impactante que recuerda los momentos más lúgubres de cierto Barroco, y que desde luego deja una huella imborrable en quien no esté acostumbrado a esta forma procesional. Pero considerar a esta cofradía como un modelo de cordobesismo cofrade nos parece exagerado, no sólo porque es la única de nuestra ciudad que ofrece esta presentación externa, sino porque muchos de los elementos que sus defensores más acérrimos consideran característicos y exclusivos se hallan ampliamente documentados en otras zonas de la geografía andaluza: el palio de respeto que, portado por seis nazarenos tras el primer paso, y el paso de templete en que procesiona la Virgen son dos buenos ejemplos de cuanto decimos. Quizá el secreto estético de la hermandad del Remedio de Ánimas radique en que quienes configuraron su escenografía supieron armonizar elementos de distintas procedencias, unos de Córdoba y otros de fuera, logrando un conjunto realmente impresionante. Pero, repetimos, que esta forma sea la genuina representación de una forma cordobesa es, para nuestra modesta opinión, ampliamente discutible.

Hay otras formas, menos llamativas que la forma y estética de los pasos, de mostrar ese presunto cordobesismo; citaremos por ejemplo la presencia, en el hábito nazareno de algunas cofradías como la del Descendimiento y la Misericordia, que incluyen fajas de tejido, cuando lo habitual en Sevilla –o mejor dicho, insistimos, en el modelo juanmanuelino– es la faja de esparto o el cíngulo de cordón, sin otra posible modalidad; o la ruptura de la diferencia tajante entre cola y capa en bastantes cofradías, que llevan a los nazarenos de cirio sin capa, mientras que los demás cargos sí la llevan: es el caso, una vez más, de las hermandades del Descendimiento y la Misericordia, pero también de la Paz y Esperanza, los Dolores, Jesús Caído, la Caridad, el Resucitado, las Penas de Santiago y varias más. Estas dos peculiaridades no son desde luego exclusivas de Córdoba, pero muestran espacios donde la arrolladora influencia sevillana aún no ha llegado.

Incluso podríamos añadir otro rasgo que, más que estético o procesional, se adentra de lleno en el terreno de lo sociológico: se trata de la separación, radical en muchos casos, entre el sentimiento devocional suscitado en el pueblo por una imagen y la conversión de esa devoción en compromiso de integración en la cofradía que le rinde culto y la tiene como titular. Esta circunstancia se manifiesta en el hecho, para algunos reprobable (aunque para nosotros, desde luego, no es ni reprobable ni plausible), de que tras los pasos vayan decenas, en muchos casos centenares, de personas vestidas de paisano en cumplimiento de promesas: son personas que, en su inmensa mayoría, ni pertenecen ni tienen intención de pertenecer a la hermanad de la que es titular la imagen a la que siguen. Aunque ninguna cofradía carezca de esta peculiaridad, los ejemplos de las imágenes de Jesús Rescatado (Domingo de Ramos) y Nuestra Señora de los Dolores (Viernes Santo), son paradigmáticos de lo que acabamos de decir, porque es un hecho incuestionable que la devoción de los cordobeses al Rescatado y a la llamada Señora de Córdoba supera con creces el marco de sus respectivas hermandades. Y curiosamente, por más que las nuevas cofradías quieran adscribirse a las formas sevillanas donde no es usual esta costumbre, ellas mismas llevan también su nutrido acompañamiento de personas de paisano tras los pasos. Véanse, por ejemplo, los casos de hermandades como la Estrella, la Vera Cruz o la Sagrada Cena.

En cualquier caso, y volviendo al hilo de nuestra exposición, la influencia malagueña de que hemos hecho mención se halla actualmente casi extinguida y hoy lo que prima es la importación, casi siempre mimética y acrítica, del modelo convencional y juanmanuelino de Sevilla, manifiesto en los últimos años en la proliferación de pasos de misterio, en el lenguaje y los usos de algunos capataces y costaleros o en la presencia de elementos del cortejo –como el cuerpo de acólitos con dalmática y a cara descubierta que portan los ciriales ante los pasos– que hace sólo treinta años eran exclusivos de la Buena Muerte, única hermandad convicta y confesa de sevillanismo en aquellos tiempos. Los citados son sólo algunos ejemplos de los muchos que podríamos traer a colación.

Sin embargo, la influencia sevillana no es exclusiva de Córdoba capital: muchos pueblos de la provincia, algunos con una tradición tan personal de la Semana Santa como Puente Genil, Montoro o Montilla, se hallan inmersos desde hace tiempo en este mismo proceso, lo que ha dado origen en algunos casos, incluso, a episodios desagradables que han rozado el altercado de orden público, como lo sucedido hace unos años en Montilla, donde una cofradía prescindió de la Centuria Romana Munda y de sus tradicionales formas de desfilar para crear una grupo de lanceros romanos pretendidamente inspirados en los incomparables armaos de la Macarena sevillana.

La expansión del modelo sevillano abarca a toda España, e incluso ha salido de nuestro país. Pasos, imágenes y bordados sevillanos están poblando no sólo la Semana Santa de Almería, por hablar de una ciudad andaluza pero distante de la capital de la comunidad autónoma, sino también en Cáceres, Ciudad Real, Salamanca o incluso de alguna ciudad de la italiana Sicilia, y naturalmente en las hermandades andaluzas de la emigración en Madrid o Barcelona. A nadie le extraña que una cofradía de Córdoba acompañe su paso de misterio con una agrupación musical que viene nada menos que de León, pero que toca las mismas piezas, y con la misma o superior calidad en la interpretación, que sus homólogas sevillanas o cordobesas. Tampoco parece sorprender que la hermandad de la Vera Cruz de Bilbao reconozca abiertamente, en su página de Internet, su deuda con la Semana Santa de Sevilla.

Del mismo modo que la globalización de la que tanto hablan políticos, sociólogos y economistas está implantando en todo el mundo los hábitos y formas de vida procedentes de Estados Unidos, posiblemente la sevillanización implacable y sin adaptaciones a las distintas tradiciones preexistentes sea el peaje que haya que pagar a lo que podríamos llamar globalización cofrade.

UNA ‘INDUSTRIA’ FLORECIENTE

En otro orden de cosas, el auge de la Semana Santa cordobesa, del que se viene hablando –por cierto– desde que este que les habla tiene uso de razón, ha generado en los últimos años un hecho que evidencia la existencia de cofradías activas y de demanda, dicho sea en términos económicos, que ha promovido la creación de numerosos talleres de artes y artesanías directamente relacionadas con la creación y conservación del patrimonio cofrade. En los años 70 y hasta muy avanzada la década de los 80 eran incesantes las idas y venidas a Sevilla para cubrir cualquier necesidad patrimonial: la inmensa mayoría, por no decir la totalidad, de las imágenes, tallas, bordados y orfebrería que tienen las cofradías de Córdoba fechadas en ese amplio espacio cronológico proceden de la ciudad hispalense, porque en Córdoba no había quien hiciera esos trabajos, o quien los hacía no respondía, según el criterio de las juntas de gobierno de aquellos años, a los cánones que las hermandades solicitaban.
La situación cambió radicalmente a finales de la década de los 80; podríamos hasta ponerle fecha más concreta: en 1988 se instala en Córdoba, como imaginero, el joven Miguel Ángel González Jurado, tras un período de aprendizaje junto a Luis Álvarez Duarte. A partir de ese año, comienzan a proliferar los talleres de arte cofrade en nuestra ciudad: bordadores (Francisco Pérez Artés, Antonio Muñoz, Mercedes Castro), tallistas (José Carlos Rubio), más imagineros (Antonio Bernal, Francisco Romero), jóvenes orfebres (Manuel Valera) y algo más tarde doradores (Ángel María Varo, Rafael Barón) van cubriendo las necesidades de las cofradías de Córdoba y su provincia en una línea estética acorde con los gustos del presente (unos gustos, no hay que decirlo, imbuidos de la influencia sevillana de que hemos hablado), y que hace palpable en términos económicos la vitalidad de las hermandades y su deseo de configurar un patrimonio de alto nivel artístico.

Más reciente cronológicamente, pero en la misma línea, se sitúa la proliferación de formaciones musicales. Antes de la fecha de arranque que hemos citado –1988– en la capital de la provincia sólo había dos, la del Cristo del Amor –por aquel año, aún en formato de agrupación musical– y la Agrupación Musical Cordobesa, hoy convertida en la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de la Fuensanta. En 1989 se pone en marcha la agrupación musical Nuestro Padre Jesús de la Redención, de la hermandad de la Estrella, iniciando un lento pero efectivo crecimiento en este aspecto colateral a la vida de las cofradías, que llega al momento presente, con cinco bandas de cornetas y tambores (Nuestra Señora de la Fuensanta, Caído de San Cayetano, Nuestro Padre Jesús de la Coronación, Nuestra Señora de la Salud y la juvenil de la Redención), una agrupación musical –la citada de la Estrella– y dos bandas de música, la del Cristo del Amor y la de la Virgen de la Esperanza.

Tanto la presencia de numerosos talleres dedicados a artesanías cofrades como la proliferación de formaciones musicales nos hablan de la creciente demanda de las cofradías cordobesas y de su buen momento en el aspecto patrimonial.

LA CIUDAD… ¿RESPONDE?

A estas alturas de la presente ponencia nos faltan sólo dos aspectos por considerar: en primer lugar, ¿cómo respaldan el pueblo y las instituciones de Córdoba a su Semana Santa?; y a continuación, ¿qué lugar ocupa realmente la Semana Santa de Córdoba en el contexto de Andalucía?
A la primera pregunta la respuesta es, lamentablemente, menos optimista de lo que nos gustaría. A los cofrades cordobeses nos da la impresión de que el pueblo de Córdoba no es consciente de su Semana Santa y sus cofradías nada más que en los días procesionales, no participa como sería de desear –siempre según nuestro deseo de cofrades–, y el concepto que se tiene mayoritariamente es que las cofradías son para la gente joven y que, cuando se llega a una cierta edad, ya no es propio vestirse de nazareno: una estadística, facilitada por la hermandad de Jesús de la Pasión a través de su página web, nos aporta unos datos que ponen el dedo en la llaga: del total de nazarenos que componen su estación de penitencia, el 67% tiene menos de veinte años, y sólo el 12% tiene más de cuarenta; otra hermandad, la de la Merced, aporta datos muy similares, ya que lleva un 65% de nazarenos con menos de dos décadas de vida. Con este dato, decir que la Semana Santa de Córdoba es una realidad hondamente arraigada en el pueblo es un dramático sarcasmo. Podría mirarse el lado positivo en el hecho de que hay muchos jóvenes en las filas nazarenas, pero ese optimismo de deshace como un castillo de naipes al comprobar que, en la citada cofradía de Jesús de la Pasión, sólo ocho nazarenos –¡sólo ocho!– repitieron ininterrumpidamente su participación en el cortejo penitencial en los once años transcurridos entre 1992 y 2002, ambos inclusive. Como se ve, la falta de raíces es terrible, y como bien dice el Evangelio, ya sabemos lo que pasa cuando la semilla cae donde no es posible que las raíces ahonden en la tierra.

En cuanto a las instituciones públicas, hablar de su colaboración con la Semana Santa sería el cuento de nunca acabar. Los responsables políticos, siempre dispuestos a salir en las fotos, hablan en público y no acaban sobre su apoyo a las cofradías, sobre todo en términos económicos. Porque para ellos, al menos hasta el presente, no existe el otro apoyo, el que no se cuantifica en euros sino en hechos que implican tener en cuenta durante todo el año que hay unos días, los de Semana Santa, que requieren ser incluidos, por ejemplo, en las previsiones de obras, en la aplicación efectiva de normas municipales que existen –pero no se cumplen– sobre localización y dimensiones de rótulos luminosos, y sobre multitud de pequeños detalles en los que sólo caen en cuenta cuando las cornetas suenan –y no en los ensayos– lo cual indica que ya es demasiado tarde. Sin duda ha mejorado la colaboración municipal con la Semana Santa en las últimas décadas, pero siempre queda limitada a los días o semanas anteriores a la salida de la primera procesión. Por ejemplo, si se inicia una obra que va a durar diez meses en una calle por la que pasan cofradías, no duden ustedes de que la obra no comenzará con un margen de tiempo suficiente para no ocasionar molestias a la Semana Santa; de este mismo verano es el siguiente hecho: las obras de la calle San Pablo, por la que por cierto pasan más de un tercio de las cofradías de Córdoba, durarán más de un año, según anuncian responsables municipales: podrían haber empezado en abril, porque este año la Semana Santa ha sido en marzo, pero han comenzado en agosto. Seguro que absolutamente ningún responsable del gobierno municipal ha caído en el pequeño detalle de que por esa calle discurre más de un tercio de las cofradías cordobesas en Semana Santa. Y esto es sólo un ejemplo. Luego vendrá la alcaldesa a sonreír y salir en las fotos y a decir que su equipo de gobierno apoya decididamente la Semana Santa.

Una reflexión, aunque fuese somera, sobre la colaboración o la falta de ella por parte de otras instituciones y entidades tanto públicas como privadas (Diputación, Junta de Andalucía, empresariado de hostelería, etc.), alargaría esta intervención más allá del límite temporal asignado. Pero no se hagan ustedes ilusiones. Sólo nos resta terminar este apartado mostrando nuestro escepticismo personal sobre este punto, que hay que sumar al innegable pesimismo que aportan los datos ofrecidos en el párrafo anterior.

ESTO NO ES UN ‘RÁNKING’

¿Qué posición ocupa la Semana Santa cordobesa en el marco andaluz? En unas declaraciones efectuadas en 1993, el entonces alcalde de Córdoba, Herminio Trigo, afirmó que “ya tenemos la segunda Semana Santa de Andalucía”. Desde el primer momento, esa frase no nos gustó ni lo más mínimo, y ello por varias cosas: por una parte, porque con ello se reconocía que anteriormente nuestra Semana Santa estaba en un lugar inferior al segundo, y por otra parte porque daba la impresión de que ese segundo lugar era el máximo al que se podría aspirar, ya que el primer puesto estaría lejos de nuestro alcance por los siglos de los siglos. En realidad, lo que nos desagradó especialmente de esa afirmación, de cuya buena voluntad no dudamos por otra parte, fue que su autor parecía considerarse satisfecho con pensar que la situación de la Semana Santa de Córdoba en el contexto general de Andalucía era una simple cuestión de ránking. Y para nosotros no se trata de eso, ni muchísimo menos.

¿Qué lugar ocupa la Semana Santa de Córdoba en el conjunto de las de Andalucía? ¿Es necesario decir un número? Pues los que eso esperen de nosotros, que abandonen la idea, porque no lo vamos a decir. Vamos a centrarnos en esa expresión tan aparentemente sencilla: “Semana Santa de Córdoba”. Son dos componentes, la Semana Santa y Córdoba, que configuran una ecuación, es decir, los dos están al mismo nivel. Si Semana Santa hay en toda Andalucía, está claro que la personalidad de nuestra Semana Santa la aporta la ciudad, la propia ciudad en todo lo que esto significa, en lo urbanístico, lo histórico, lo artístico, lo antropológico y lo cultural. Y es evidente que tiene que haber un cierto denominador común con el resto no ya de Andalucía, sino del conjunto de la Iglesia Católica, porque de eso se trata a fin de cuentas.

Muchas gracias.

Las Hermandades y Cofradías escuelas de Formación Cristiana

M.Il.Sr. D. Pedro Soldado Barrios

Las Cofradías y Hermandades constituyen una de las realidades de mayor importancia en la vida de la Iglesia de España y particularmente de Córdoba, por el número de personas que forman parte de ellas, por el valor artístico de las imágenes que procesionan, por lo que aportan al mantenimiento de las tradiciones y valores cristianos, por la función social y caritativa que llevan a cabo…Se trata de una forma particular de asociación dentro de la Iglesia, con una fuerte carga de religiosidad popular que a lo largo de la historia y en la actualidad ha venido jugando un papel importante, no sólo a nivel religioso, sino también a nivel social y cultural. Puede afirmarse que por el número de ellas, 496 canónicamente constituidas en Córdoba, es uno de los medios más extendidos, por los que muchas personas mantienen y expresan su fe, a la vez que manifiestan su vínculo a la Iglesia, y expresan su presencia religiosa en la sociedad española.

Esta realidad de las Hermandades y Cofradías adquiere una importancia especial en esta sociedad tremendamente secularizada, donde la influencia del clero es cada vez menor, pero en la que hay muchos laicos mayores y jóvenes que encuentran en ellas, no sólo un lugar de acogida, sino también una forma de expresar su creencia, un modo propio de practicar con cierta autonomía lo litúrgico.

Hemos de reconocer que este fenómeno atrae la mirada de la sociedad por su carga religiosa, estética y cultural y que los ojos de los políticos se posan sobre él por el gran número de personas que en ellas se congregan.

Pero también hemos de decir que para la Iglesia este fenómeno está muchas veces cargado de ambigüedad y de aspectos por el que no procede ni exaltarlo ni despreciarlo a la ligera, sino que exige una valoración desde los diferentes aspectos que lo configuran, para desde criterios verdaderos descubrir lo que de positivo hay en ello para potenciarlo y de negativo para eliminarlo.

El Código de derecho canónico de 1983 en el canon 298, 1 dice: “Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y de las asociaciones de vida apostólica, en la que los fieles, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de las obras de piedad o de caridad, y la animación con espíritu cristiano del orden temporal”.

Los Obispos del Sur de España en su Carta Pastoral sobre las HH. Y CC. publicada en 1987, escriben también sobre el tema diciendo: “Las HH. Y CC. son asociaciones de fieles cristianos conscientes de su pertenencia a la Iglesia”. Más adelante cuando quieren explicar lo que afirma el Código de Derecho Canónico, afirman: “Las HH. Y CC., cuyo fin es el culto público en nombre de la Iglesia… son por ello asociaciones públicas. Estas asociaciones deben ser erigidas canónicamente por el obispo del lugar, si quieren “promover el culto público” en nombre de la Iglesia, y realizar el “ ejercicio de las obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal…Por eso los estatutos de esta asociación pública, así como su revisión o cambio, necesitan la aprobación de la autoridad eclesiástica a quien compete su erección, conforme a la norma del canon 312,1”.

Queda claro en estos dos textos de suma importancia para la Iglesia que los tres fines fundamentales de toda Hermandad o Cofradía son:
El culto divino o culto público.
El de la caridad fraterna, obras de misericordia espiritual y corporal
El de la santificación y perfeccionamiento espiritual, por la oración.

Podemos decir que estos tres fines que deben estar presentes en cada uno de los miembros que componen una Hermandad están encaminados a dar gloria a Dios a través de la perfección de la vida cristiana. Perfección que se refiere al ejemplo de vida, al testimonio, a la entrega a una tarea de amor al prójimo y de edificación de la comunidad, a la defensa de la fe en medio de esta sociedad, al compromiso social expresado de diversas formas, y en una palabra a todo lo que implique el apostolado cristiano.

LAS HH. Y CC. EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Estamos en un tiempo y en una sociedad que nos interpela sobre nuestra “razón de ser”, y lo hace tanto a sacerdotes-consiliarios de HH. y CC., como a juntas de gobierno y hermanos en general, y es necesario de que todos tengamos en cuenta estos mínimos principios, sobre los que se asientan estas ricas realidades de nuestra Iglesia, y desde ellos intentemos sin prejuicios responder a las cuestiones que a todos se nos plantean: ¿Qué valor han tenido históricamente y pueden tener hoy las Cofradías? ¿Cuáles son la implicaciones eclesiales, sociales, políticas, religiosas, culturales, artísticas, administrativas, que llevan consigo las Cofradías? ¿Con que criterios hacer un discernimiento claro de sus aspectos positivos, ambigüedades, negativos? ¿Se pueden evangelizar las Cofradías, mejorando y autentificando lo que ya tienen, e incluso hacer de ellas medios de evangelización? ¿Cómo hacer para que se armonicen los actos y cultos de las Cofradías y las celebraciones litúrgicas? ¿De qué manera expresar hoy su compromiso con la justicia y la caridad? ¿En qué medida se pueden integrar y participar de la vida pastoral de nuestras parroquias?

Son cuestiones que a todos nos preocupan, a sacerdotes, consiliarios, directivos y responsables de HH. Y CC.. Tenemos por delante, una tarea ingente. Que no se malogre y que nos lleve a todos en una perfecta comunión con el resto de la Iglesia a seguir avanzando en la solución de los problemas que se han ido creando con el tiempo, es tarea y responsabilidad de todos.

Hoy, más que nunca, como también dicen nuestros Obispos del Sur
en su Carta Pastoral sobre las HH. Y CC. del año 87, “ Las Hermandades son cauces importantes de la fe de los humildes y sencillos, muchos de los cuales encuentran aquí el alimento de su fe, el sostén de la caridad y de su esperanza. Sin embargo, esto no debe hacer olvidar la necesidad de una nueva evangelización, la necesaria armonía con la celebraciones litúrgicas de la Iglesia (nn. 25-26).

Es necesario por ello aunar esfuerzos, por todas las partes implicadas, en una renovación-formación interna de nuestras HH. Y CC. que iría en cuatro direcciones: Evangelización de la religiosidad popular; intentar convertir las Cofradías y a los cofrades a la verdad y coherencia entre lo que significan y representan como asociación católica, y lo que en realidad son y hacen en su propia vida; en lo que respecta a la comprensión, participación y armonización de sus actos de culto público y prácticas de piedad, con la liturgia y la celebración de los sacramentos; finalmente las Cofradías han de renovar sus vínculos de comunicación y comunión con los diversos estratos de la comunidad eclesial.

HERMANDADES Y COFRADÍAS UN MUNDO A EVANGELIZAR

Según algunas estadísticas, podemos afirmar que en España existen más de 10.000 cofradías de Semana Santa y que podrían agrupar a cerca de 2000000 de hermanos. Siendo tan importante el número de Hermandades y de Hermanos, sería bueno que cayésemos en la cuenta de la edad de los hermanos que las componen y las motivaciones que les llevan a integrarse en ellas.

Por los datos que aporta Borobio en su libro: “Hermandades y Cofradías: entre pasado y futuro”, sabemos que el 61% son menores de 40 años, y el 29% están entre 40 y 60 años, y el 26% está entre los 15 y 25 años.

Junto a esto debe señalarse otro fenómeno nuevo: la reciente y creciente participación de la mujer como hermana en las cofradías y por consiguiente en sus juntas de gobierno.

Pero hay una pregunta que todos nos hacemos y que pensando en una posible evangelización debemos contestar: ¿Cuales son las motivaciones que les impulsan, sobre todo a los jóvenes, a inscribirse en las Cofradías? ¿Qué buscan realmente en ellas, y qué descubren por ellas? ¿Contribuye todo lo que hacemos a mejorar su vida cristiana? ¿Responde la “oferta” de las Cofradía a su significado y a sus fines?

Recogiendo lo que frecuentemente hemos visto, escuchado y comentado, pueden señalarse estas diversas motivaciones:

. Porque son creyentes y expresan su fe.
. Porque es una tradición familiar.
. Porque están también sus amigos.
. Porque pertenece a la cultura del pueblo.
. Porque se sienten más libres que en la Parroquia.
. Porque tienen mucha devoción a una imagen.
. Porque es una buena forma de vivir la Semana Santa.
. Porque encuentran un ambiente acogedor y participativo.
. Porque es un modo de expresión del sentimiento religioso.
. Porque desean contribuir al espectáculo cultural y turístico.

Según esta diversidad de motivaciones hemos de preguntarnos: ¿Cuál es entonces la situación creyente y eclesial de los miembros de nuestras Cofradías? ¿Son realmente las hermandades y Cofradías asociaciones de bautizados creyentes, con clara conciencia de su pertenencia a la Iglesia?

Hemos de deducir que hay más motivaciones explícitamente cristianas que de otro tipo, aunque hay otras que claramente manifiestan una fe desligada de la práctica.

De todos modos con la humildad de quien está convencido de que es imposible e injusto querer medir las profundas e internas actitudes de los demás, pero también convencido de que no podemos cerrar los ojos a la realidad y a los hechos constatables, hacemos las siguientes consideraciones sobre los criterios desde los que podemos valorar la autenticidad de la fe y de la vida cristiana.

Una de las condiciones del ser y vivir cristianamente es la conversión personal y la fe que se apoya en el anuncio de la Palabra y en la llamada a adoptar como ideal de vida a Cristo y su Evangelio. Creemos que en muchos casos no se ha dado ni este anuncio primero, ni esta conversión ni esta fe. Se trata de cristianos bautizados si, creyentes a su modo; con buenos deseos, pero…., en muchos casos, poco más.

La realidad del cofrade creyente practicante y activo, que además está dispuesto a participar activamente en las tareas de la Cofradía y de la misión de la Iglesia, de modo responsable, es a todas luces minoritario. Por eso hemos de caer en la cuenta de la necesidad de un tratamiento EVANGELIZADOR de la Hermandades y Cofradía.

Ante esta situación lo primero que hemos de hacer es reconocer la existencia de la fe en las personas que integran las Cofradías. Una fe muchas veces sencilla y elemental, apoyada en la confianza y el deseo de asociarse a la corriente de la tradición del grupo. Quizás poco instruida y poco comprometida con las tareas de la comunidad cristiana. Pero nunca una fe rechazable. Una fe a todas luces que ha de ser alimentada y fortalecida en el interior de la Hermandad.

En las Hermandades el elemento de la religiosidad popular que hay en ellas y que por ellas se mantiene, es pues, una realidad que hay que valorar y con la que hay que contar, pero no un ideal en el que hay que permanecer. Por eso sin perder sus valores esa religiosidad popular hay que EANGELIZARLA, HAY QUE DARLE AUTENTIFICACIÓN QUE LLEVE A UN VERDADERO COMPROMISO CRISTIANO, HAY QUE LITURGIZARLA PARA QUE SUS MANIFESTACIONES SE INTEGREN EN LA LITURGIA DE LA IGLESIA, Y HAY QUE FORMARLA EN UNA VERDADERA COMUNIÓN ECLESIAL PARA QUE SINTIENDOSE IGLESIA SE DE UNA MAYOR Y MEJOR RELACIÓN CON OTRAS INSTANCIAS RELIGIOSAS.
Desarrollamos brevemente cada una de esas cuatro acciones: EVANGELIZACIÓN,AUTENTIFICACIÓN, LITURGIZACIÓN Y ECLESIALIZACIÓN.

EVANGELIZACIÓN

Los Papas Pablo VI, Juan Pablo II, La Conferencia Episcopal, los Obispos del Sur y Finalmente nuestro Obispo en la hermosa Carta Pastoral que nos dirigió en la Semana Santa de este año nos recuerdan la necesidad de la evangelización de la religiosidad popular.

Destaco las Palabras del Obispo de Córdoba en su carta pastoral cuando hace alusión al número 32 del Plan Diocesano de Pastoral: “Hemos de prestar una atención especial a la piedad popular, que se ha de vivir en armonía con la liturgia de la Iglesia y vinculada a los sacramentos. Existen en la Diócesis, en algunos casos desde tiempo inmemorial, venerables tradiciones religiosas que propician ocasiones privilegiadas para la evangelización, la catequesis, el culto y la oración, que debemos cuidar con esmero. Nos será de gran ayuda acoger ,los principios y orientaciones que nos ofrece el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Particular atención requieren la Hermandades y Cofradías. Estas asociaciones públicas de fieles, tan numerosas en la Diócesis, han sido camino de formación y de fe para muchos cristianos. La piedad popular ha amortiguado entre nosotros los efectos de la secularización. Sin embargo, hay que seguir trabajando para preservarla de desviaciones secularistas y de la tendencia latente que reduce la religiosidad popular a mera expresión cultural. Hay que huir también de cualquier atisbo de superstición y de gastos inmoderados. Las Hermandades y Cofradías han de ser, ante todo, escuelas de formación y de vida cristiana, camino de comunión con la Iglesia y venero de espíritu apostólico, de fraternidad y de servicio a los pobres. La Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías ofrecerá medios y materiales de formación para estas asociaciones de fieles.”

Ahora bien, ¿cómo se puede articular y realizar esta renovación evangelizadora, teniendo en cuenta las características de las Cofradías?

. Creemos que el primer paso es la “nueva evangelización” y formación de los que van a ser catequistas y responsables de la formación de los demás.

. El segundo paso debe ser tener un proyecto de formación catecumenal que dure varios años para los que entran de nuevo en la Hermandad y que debe ser un compendio de la Doctrina Cristiana al que se añadirá formación cofrade específica.

. El tercer paso sería un plan de formación permanente y de educación en la fe para todos los cofrades, con un ritmo elaborado teniendo en cuenta varios elementos: el ritmo del año litúrgico (Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés…); los retiros, triduos, novenas; las jornadas especiales de formación (Conferencias, Congresos) o exposiciones; los actos comunes con otros grupos de la comunidad parroquial.

AUTENTIFICACIÓN

Llamamos así a esa necesaria tarea de convertir las cofradías y a los cofrades a la verdad y coherencia entre lo que significan y representan como asociaciones católicas y lo que en realidad son y hacen en su propia vida; entre lo que expresan a través de sus símbolos e imágenes, actos de culto y celebraciones diversas, y lo que interpretan sobre las mismas o realizan en su actuación diaria.

Todos somos conscientes de que, en no pocos casos, no sólo se da una deficiente interpretación del sentido y de los fines de la Cofradía, sino que también se manifiesta en diversos fenómenos ya indicados, como el acento excesivo en lo externo “hasta el punto de buscar lo espectacular”; la exaltación de las imágenes, hasta caer en un cierto fetichismo o idolatría; la reducción de la pertenencia a la Hermandad a la presencia en las procesiones y actos más llamativos; la rivalidad interna y externa con otras Hermandades en orden a acaparar espacios y tiempos privilegiados; la obsesión por los diversos tipos de adornos, muchas veces con gastos abusivos y desproporcionados.

Es evidente que muchos miembros se esfuerzan por ser coherentes en sus vidas y que, como todos, desenvuelven su vida en medio de fragilidades y limitaciones. Pero esto no obsta para que asumamos la necesidad de una constante purificación, conversión y autentificación. Esta conversión requiere un cambio de mentalidad y de comportamiento en la propia vida, una vez que la persona ha sabido situarse en su realidad de pecado, a la luz del Espíritu de verdad.

LITURGIZACIÓN

Es evidente que en muchos casos se manifiestan serias contradicciones en las Cofradías, en lo que respecta a la comprensión, participación y armonización de sus actos de culto público y prácticas de piedad, con la liturgia y la celebración de los sacramentos.

La Iglesia ha repetido una y otra vez que es necesario superar estas contradicciones. Nuestros Obispos del Sur en la Pastoral ya citada nos decían: “Nuestras Hermandades y Cofradías deben recuperar las celebraciones litúrgicas que primitivamente precedían a las salidas procesionales”, conscientes de que la liturgia es la “cumbre y la fuente” a la que tiende toda actividad de la Iglesia. “ En este espíritu tenemos que coordinar las celebraciones litúrgicas y las salidas procesionales, facilitando a todos los fieles su asistencia, fomentando el fervor y la devoción de los participantes y huyendo del espectáculo y ostentación que van en contra de la sencillez y pobreza evangélica”.

Y respecto a la participación de los miembros de la Hermandades en las celebraciones litúrgicas y sacramentales de la comunidad parroquial, es evidente la contradicción y hasta el escándalo que supone el que, siendo la Cofradía alimento de piedad y devociones, y teniendo por fin principal el “culto público, sus miembros se abstengan o prescindan del momento álgido de este culto, que es la eucaristía dominical.

ECLESIALIZACIÓN

Con esta expresión nos referimos a la necesidad de que las Cofradías renueven sus vínculos de comunicación y comunión con los diversos estratos de la comunidad eclesial: entre ellas, con otros movimientos, con los sacerdotes y párrocos, con el delegado, con los vicarios y con el obispo.
La historia de las Cofradías está marcada, en no pocos casos, por rivalidades internas y externas, por exclusivismos y encerramiento, por conflictos con las autoridades eclesiásticas.

De ahí que todos los documentos del Magisterio de la Iglesia insistan en la necesidad de mantener y renovar la comunión eclesial a todos los niveles.

Ahora bien, ¿Cómo puede manifestarse y realizarse esta comunión o eclesialización?

. Es necesario que las nuevas Reglas y Estatuto que se piden a la Cofradías, sean elaboradas y aceptadas con verdadero espíritu de coordinación y colaboración de todos los estratos y grupos de la Iglesia de un determinado lugar, en la búsqueda de una misión común.

. En segundo lugar, es necesario que, junto con la información, se de una concienciación eclesial, o una renovación de la conciencia de pertenencia a la Iglesia, de manera que una mentalidad separatista o cerrada o independiente, se pase a una mentalidad de comunión, conscientes de que pertenecer a la Cofradía, es pertenecer a la Iglesia.

. En tercer lugar, se requiere como medio fundamental la información, la comunicación y el diálogo, en orden a una coordinación eficaz de actos, de tareas compartidas, de ritmos y de adaptación a las necesidades y circunstancias. Igualmente para la solución de posibles problemas.

. En cuarto lugar, creemos que la mejor prueba de esta comunión es la disposición real y concreta a compartir una “ministerialidad”, es decir, la disposición de las Cofradías, a través de sus miembros para ello cualificados, a responsabilizarse, junto con otros que no pertenecen a la Cofradía o a ninguna Cofradía, de determinadas tareas que afectan a la comunidad o parroquia entera.

En una palabra, de la misma manera que no existe Hermandad o Cofradía sin fraternidad, así tampoco puede existir sin comunión. De la realización efectiva de la fraternidad en la caridad y de la comunión en la comunicación eclesial, depende la verdad de su culto público, la fuerza de su testimonio y de su ímpetu evangelizador.

“Remodelación y Restauración del Paso del Descendimiento de Córdoba: El ayer y el hoy de los pasos de cristo cordobeses.”

D. Jose Carlos Rubio Valverde

Sin lugar a dudas cuando la Hermandad del Calvario encarga su actual paso de cristo, no se imagina la repercusión que este nuevo concepto de retablo andante supondrá para la semana santa cordobesa, ya que, este concepto revolucionará totalmente lo existente en cuestión de pasos de cristo hasta ese momento y renovará profundamente el patrimonio a partir de los años ochenta, en nuestra capital.

Esta mirada que desde entonces dedica la Semana Santa española a la de Sevilla es debida a la estética que sus pasos y enseres lucen, ya que esto lo llevan trabajando desde que se hiciera por Ruiz Gijón el paso del Gran Poder, basando su planta y sus ritmos en una fuente (curiosamente Italiana, cuna del Arte en Europa). Córdoba, no lo olvidemos, estuvo a caballo de las dos grandes escuelas artísticas del siglo de oro español: La Sevillana y la Granadina y, como si de un símil se tratara, hoy tenemos dos marcadas tendencias en el tiempo como referentes artístico – cofrades la opción Malagueña y la Sevillana.

Sin embargo, en todos los casos en los que posteriormente se ha optado por este cambio, influenciado por una u otra opción, no podríamos justificarlo totalmente, ya que, desde nuestro punto de vista, en muchos de estos casos se ha perdido sobre todo la personalidad en lo artístico.

Pero, sin marcha atrás, desde la década de los ochenta los aires de renovación, esta vez claramente influenciados por la capital hispalense, se imponen, y serán muchas las hermandades que acometan obras importantes al respecto: Gran notoriedad tiene a partir de ese momento para la sociedad cordobesa el engrandecimiento de los pasos de misterio, en búsqueda de la mejora de la imaginería que portaban. Debemos de recordar que hasta ese momento no llegaban a la decena de ejemplos los de este tipo icnográfico; entre ellos, que duda cabe, uno de los más valorados es el que la Hermandad del Descendimiento luce actualmente en su sede y que dejó de procesionar por ser tallas completas y de peso muy elevado. Esta obra fue realizada por Don Amadeo Ruiz Olmos, valenciano afincado en Córdoba y al que se debe la autoría de muchas imágenes en el resto de la geografía española.

Sin embargo no podemos obviar que anteriormente a este apogeo mencionado de los años 80 tenemos pasos de indudable calidad artística en nuestra ciudad y el mejor ejemplo, para corroborar esto, que se pude exponer sin duda es el magnifico trabajo que realizara Don Rafael Valverde Toscano en el paso del señor Caído de San Cayetano, en el año 1943. Realizado en madera de álamo, proporcionada ésta por la Hermandad, es este altar itinerante el más antiguo que procesiona en nuestra ciudad. Su estilo renacentista, supone un ejemplo para todo aquel que quiera conocer en profundidad un estilo ornamental sin eclecticismos.

Dicho esto advertiremos que hemos obviado en la exposición el prefijo “neo” para todos los estilos representados, ya que es sabido que todas estas obras son “nuevas” representaciones de cada uno de los mismos.

Paradójicamente ya en esta década se toma como referencia por parte de la Cofradía el paso de los Estudiantes de Sevilla y, a petición de la Hermandad de San Cayetano, Valverde se traslada a la ciudad vecina a estudiar la traza del mismo. En su obra, el artista cordobés superará con creces el ejemplo sevillano, no sólo por su destreza en la talla, sino incluso por la depuración de líneas arquitectónicas y ornamentales.

Ya en este paso, a lo largo de los años, observamos pequeñas inclusiones a la idea original, como observaremos en otros tantos casos. En concreto, a este paso se le añaden peana y basamentos de los faroles, y posteriormente las tallas de los cuatro evangelistas.
Siguiendo esta pequeña reseña, en el mismo año de 1943 se realiza el paso de la Hermandad de Misericordia, diseñado en estilo barroco por Francisco Díaz Peno y ejecutado en los talleres cordobeses del granadino José Callejón. Artista este que colaborará años más tarde en la ejecución del paso que hoy centra nuestra exposición: el Descendimiento de Córdoba.

Del paso de la Misericordia destacaremos la idea de candelabros arbóreos rematados con faroles, la cartela central que luce en el frente con sendos ángeles portadores de un medallón realizados por el ya mencionado Callejón y la terminación de la obra en pan dorado con paños en plata.

Se da el caso de que en el taller de José Callejón, por esta época, ya figuran como aprendices artistas del tamaño de Don Antonio Rubio Moreno, que dejara su impronta posteriormente en pasos como el del Rescatado, Santo Entierro, Pasión o Agonía.

Es también de esta primera época, tras la pérdida lamentable que causara la Guerra Civil en nuestro patrimonio, el paso del Crucificado de la Buena Muerte. Ejecutado por Antonio Castillo Lastrucci, vuelve a ser una muestra de la influencia que el arte hispalense dejará en el patrimonio cofrade de nuestra ciudad. Si bien, es oportuno señalar que este paso se caracteriza por su acuciado carácter ecléctico y a su vez comentar cómo fue intervenido en el año 1990 por Don Andrés Valverde Luján, quién resaltó las policromías, a modo de veladuras, que se pueden observar hoy día sobre la talla ornamental.

Siguiendo adelante, otro tallista cordobés, Don Ricardo Castilla tallará el paso del Cristo de la Clemencia, que diseñado por Don Rafael Bernier, hoy en día conservamos. El trono de este Cristo que acompaña a la Señora de Córdoba en su discurrir por la calles de la ciudad cada Viernes Santo toma su base e inspiración, indudablemente, en el altar pétreo de la plaza de Capuchinos, dedicado a su vez al Crucificado del Hospital de San Jacinto. Como ejemplo de la escuela malagueña hoy conservamos este caso único, ya que los otros ejemplos vigentes los tenemos en pasos de palio y guiones procesionales. Este paso que en su día fue conceptuado monocromático, en posteriores intervenciones, acertadas a nuestro parecer, se nos presenta hoy día fusionando la madera tintada y charolada con contrastes argenteos.

De entre estos primeros ejemplos de pasos cordobeses destacamos por semejanza al caso que nos ocupa el del paso de Pasión del barrio de San Basilio de Córdoba. Esta obra fue realizada por Don Rafael Valverde Toscano, sobre diseño de su hijo Don Rafael Valverde Luján. Tallado en madera de abedul en estilo barroco, con grandes volúmenes en sus tallas, fue estrenado en la Semana Santa de 1955.

Desde entonces la imagen del Nazareno de San Basilio no se concibe en la calle sin su altar de madera iluminado por faroles; no obstante recientemente la Hermandad se plantea la necesidad de realzar la imagen del Cristo, resolviéndose éste desde un punto de vista conservador, ya que el mejor aval que tiene esta intervención es la calidad artística que atesora dicho paso. Y, como no podía ser de otra manera, con pequeñas pinceladas y aportaciones se consigue la unificación de un respiradero que era por piezas, el levantamiento de una canastilla veinte centímetros más de su altura original y la reubicación de los faroles en unos nuevos basamentos, punto este que llegó a ser el más polémico en su intervención.

Tenemos ante nosotros en este caso el perfecto ejemplo de cómo se puede salvaguardar una obra siempre y cuando haya criterio por parte de los artistas responsables.
Si fuera por la imagen que porta tendríamos que haberlo anticipado a cualquiera, sin embargo, siguiendo el orden cronológico, abordamos ahora el paso de misterio de Nuestra Señora de la Angustias Coronada. Obra barroca del cordobés Don Antonio Castillo Ariza, fue tallado en 1958 en madera de pino para su sobredorado y estofado. Siendo los respiraderos incorporados en el año 1988 por el alumno aventajado de Castillo Ariza, el también cordobés Don Miguel Arjona Navarro, del cual a su vez también podemos disfrutar obras en la actualidad.

De la canastilla cabe destacar el amplio programa iconográfico que ostenta y de planta mixtilínea, acentuada en sus volúmenes. Grandes relieves en los laterales y una talla al modo de la retablística del siglo XVII.

No podemos olvidar que este paso sustituye al paso de palio bajo el que procesionaba anteriormente la imagen y bajo la estética que impera en la actualidad en la semana santa de nuestra ciudad defenderíamos como un cambio acertado el adoptado por esta Hermandad.

Próximo a su sustitución se encuentra el siguiente paso a comentar: Las andas procesionales del Hermandad del Santo Sepulcro fueron realizas por Don Antonio Corrales León, en el año 1960. La urna que el Ayuntamiento de la ciudad regalara a dicha Corporación es obra de Don Rafael Juliá Villaplana, fechada su ejecución en el año 1874; se complementó con cuatro faroles en madera de caoba realizados por Don Antonio Rubio Moreno en el año 1982 y con guardabrisas procedentes del antiguo paso. Hasta el día de hoy otro ejemplo de rentabilización de obras de diferente mano.

Al igual que el caso anterior y como ocurrió en la Hermandad con la que empezamos nuestro decurso se ha optado por el otro camino. Así, Hermandades como las del Rescatado, Penas de Santiago, Esperanza, Huerto, Amor, Sentencia, Paz, Caridad, Gracia y Resucitado han cambiado los pasos de sus titulares cristíferos por sendos de nuevo cuño, aportando indudablemente piezas de gran valor a nuestra Semana Santa actual.

Existe otro importante sector en las Cofradías cordobesas como es el de las de reciente creación, las cuales se encuentran inmersas en la sustitución de obras circunstanciales o incorporación a su patrimonio de obras nuevas, que duda cabe, de marcada influencia sevillana.

Como hemos podido observar hasta ahora tanto en la mayoría de los casos de obras de nueva creación tras la Guerra Civil, como en sus futuras remodelaciones, así como en los casos de nuevas y recientes incorporaciones a nuestro patrimonio cofrade, existe como ya hemos señalado una gran influencia de la escuela sevillana, (exceptuando algún caso concreto en el que si podríamos ver algo de la escuela malagueña).

Ahora bien, éste auge del carácter sevillano reconocido en general por la sociedad cordobesa, sin embargo no se transmite en cifras a favor de los autores de la capital hispalense. Haciendo un recuento exhaustivo de los artífices de las obras analizadas podemos destacar que más de un 60% de las mismas son realización de artistas cordobeses. Lo que da fe de la buena salud de la que goza la artesanía cofrade cordobesa. Y cabe decir que, trasciende a otras especialidades, no sólo pues es el caso de la talla, sino también la imaginería, orfebrería o bordado.

Como prueba a este momento artístico podemos considerar la cantidad de encargos que están recibiendo los talleres artesanos de nuestra ciudad, convirtiéndola hoy por hoy en un referente a nivel nacional, como en su día lo fueron para la nuestra ciudades como Málaga, Granada o Sevilla.

Remodelación y Restauración del Paso del Descendimiento de Córdoba

Conceptuado y realizado en estilo barroco por Don Antonio Corrales León, con ebanistería de Don José Redondo Castillo.

Se utilizó para su ejecución madera de pino y en zonas de poca relevancia estructural la madera de chopo, talladas para su posterior sobredorado.

Se trata de un paso de grandes dimensiones que en su origen fueron: 2,80 m en la vista frontal, 4,70 m para el lateral y 1,80 de altura (obligada esta medida por el chasis mecánico con el que se ideó).

Desde su estreno en el 1949 hasta 1993 su estampa es invariable: Las ruedas marcan la quietud que lo caracteriza en su procesionar, aunque compensado sobremanera por el dinamismo de su misterio. A partir del año 1994 un cambio sustancial será adquirido por este paso: La realización de un nuevo misterio de vestir, mucho menos pesado que el de Ruiz Olmos, va a permitir el cambio de las ruedas por los costaleros. En este año se transforma la parihuela para permitir la incorporación de las trabajaderas. El paso toma ahora una dimensión en altura de 2,10 m.

Es en esta década de los noventa cuando sobreviene a la Cofradía del Descendimiento la disyuntiva que hemos valorado anteriormente en otras Hermandades cordobesas: ¿Cambiar radicalmente perdiendo historia e identidad o preservar y enriquecer el patrimonio artístico que se posee?
La Junta de Gobierno de la Hermandad, presidida en aquellos momentos por Don José Luis Martínez Villoslada se pone en contacto conmigo allá por el verano del año 1999, en primer lugar para solicitar una valoración de calidad que les ayude a dirimir acerca del camino a elegir.

Son diversos encuentros los mantenidos entre ambas partes. Entre tanto recuerdo perfectamente y antes de que la se hubiera tomado una decisión, la pregunta que un miembro de la Junta de Gobierno, Ex-Hermano Mayor de la Cofradía, me lanzó mientras comprobamos medidas futuribles en la calle Deanes: “José Carlos: Tú, ¿qué harías? ¿Remodelación o un paso nuevo?” Yo sin pensarlo un momento contesté: “Como tallista, un paso nuevo. Como tallista y cofrade, remodelación, porque es historia de Córdoba y debe de conservarse.

Una pieza puede tener 60 años y no ser buena, por lo tanto se considera vieja; otra puede tener 50, ser mejor y empezar a considerarse una antigüedad o ponerse en valor como tal”.

Este hermano fue Pablo Estévez. Y muy probablemente este comentario, unido a un proyecto muy estudiado como fue éste, hicieran que la Hermandad se decantara por la remodelación, enriqueciendo su paso, optando así a una mayor calidad.

En un primer acercamiento al paso descubrimos a simple vista la necesidad un acondicionamiento y recomposición de medidas para proporcionar dicha obra en función a la imagen principal y a su misterio, siendo una prioridad el titular que había perdido algo de protagonismo con el nuevo conjunto escultórico que lo acompañaba desde 1994 en respecto al paso.

Esta apreciación, compartida con la Junta de Gobierno, hacían que el fin quedará bien definido: Usar como telón de fondo en el trono procesional lo salvable y sustituir aquello que no ponía en valor al resto de la obra. Fue así, pero previamente se vio la necesidad de presentar un proyecto a escala en el que se pudieran apreciar las modificaciones que este paso habría de sufrir, siempre intentando que la impronta fuera lo más parecida a la estampa anterior.

Tras el análisis del proyecto a escala, que presentaba por supuesto nuevas dimensiones y aspectos modificados, quedó aprobado con la satisfacción plena de la Junta de Gobierno. Las nuevas dimensiones serían: 2,56 en la vista frontal, 4,96 en el lateral y 2,38 de altura, medida esta última que se vio notablemente incrementada por la inclusión de las cresterías. Con estas nuevas dimensiones se conseguía proporcionar el paso, ganando en longitud y altura y disminuyendo en achura, que era hasta este momento ampliamente desproporcionada.

De entre todas las sustituciones que se comienzan a acometer destacan a simple vista para el espectador por su posición privilegiada en el paso los candelabros arbóreos. La resolución adoptada aporta un número total cincuenta puntos de luz, diez para cada esquina y cinco en cada costero, lo que supone dieciséis puntos más que en la anterior composición. Estos candelabros se presentan con una altura de 1,25 m., es decir, veinte centímetros más bajos que los anteriores, para permitir la visión óptima desde todos los puntos de vista del misterio y hacer resaltar la desnudez con las luces calidas del crucificado.

Estas nuevas piezas llegan a tener incluso doble vuelta en la mayoría de esos cincuenta puntos de luz lo que las hace muy ricas y ampulosas, consiguiendo una envergadura bastante ostentosa.
Se optó por sustituir las cresterías, dado que al ser planas y demasiado grandes en el plano longitudinal restaban protagonismo al misterio, no dejando entrever huecos posibles para la apreciación de las figuras. Las nuevas piezas presentan una talla mucho más voluminosa, calada, contabilizando un total de doce, con sus tondos correspondientes en los que figuran simbologías alusivas a la pasión.

Si tenemos en cuenta la pobreza que este paso presentaba a nivel simbólico e iconográfico coincidiremos indudablemente en el enriquecimiento que en este sentido ha experimentado. Además de las cresterías, aportan detalles a esta mejora los tondos ovales de la canastilla, que presentan latinajos sobre fondo oro, policromados en negro. Estos últimos hacen referencia a santos que intervienen en la escena que muestra el misterio. Al igual hablaremos de las cartelas centrales, de respiradero y otras.

Una de las piezas que más llamarán la atención a partir de este momento serán las cartelas de esquina, en las que seguirán luciendo los modelos de las cabezas de los cuatro evangelista que en su origen realizara Don José Callejón, tallista pero sobre todo escultor; sin embargo, por presentarse en tamaño natural, quedan excesivamente desproporcionadas insertas sobre las cartelas a modo de tondo, por lo tanto se opta por reducirlas y acoplarlas para mejor presencia y destacar la esquina del paso con una cartelas más ornamentales, de movimiento mucho más brusco, eso sí, a su vez las dimensiones de estas cartelas serán algo más pequeñas que las anteriores. Con esto se persigue acentuar el saliente de la propia esquina, ya que en este paso no se percibía prácticamente la planta curvilínea que presenta.

En el caso de las cartelas centrales la decisión fue realizar unas nuevas dado que el valor que presentaban las anteriores era escaso. De las nuevas piezas hemos de destacar los altorrelieves que ostentan los centros de dichas piezas. En la cartela que presenta el frontal figura el escudo de la Cofradía superpuesto en relieve semiexento sobre la Torre de la Calahorra, puerta del barrio de donde procede dicha Hermandad, símbolo inequívoco de la vinculación de la misma con su barrio.
El costero izquierdo presenta en su cartela central el Pomo de la Magdalena; este cuenco se ha sobredorado en oro blanco para hacerlo destacar y diferenciarlo del resto, al igual que destaca la figura de María Magdalena en la pasión de Jesucristo. El costero derecho a su vez muestra el anagrama mariano por excelencia: El avemaría se ha resuelto en este caso en talla de alto relieve policromado y estofado sobre oro.

Por último, en la trasera figura el escudo de la Parroquia de San José y Espíritu Santo, donde la Hermandad tiene su sede canónica. En este caso se ha mantenido la idea original, aunque si bien se ha sustituido completamente.

Al ampliar la canastilla para conseguir las proporciones perseguidas quedaron descubiertas zonas de la canastilla que carecían de talla; en este sentido la necesidad fue la de ampliar la talla recreando los módulos compositivos de dicha canastilla. También se hizo necesaria la incorporación de módulos nuevos de ebanistería en el perfil.

Otra de las nuevas aportaciones que se realizaron fue la de grabar en la curva entrante superior un gallonado y unos rombos que tuvo anteriormente insinuados. En la curva inferior se realizaron igualmente unos grabados, esta vez sobre el estuco, de carácter ornamental. Esta solución de los grabados está basada en la retablística del siglo XVII existente en Córdoba.

Siguiendo con la descripción de arriba abajo, llegamos al baquetón. El anterior apenas aportaba un sentido testimonial al paso. El nuevo por el contrario cobra una relevancia importante ya que además de dotar al paso de las dimensiones adecuadas, se aprovecha esta pieza que el enriquecimiento global del paso. En el mismo se presenta un modulo compositivo de talla calada fusionado con lisos que potencian las líneas horizontales de esta obra.

Es sin duda una nueva incorporación la de las maniguetas. Éstas para dar una mayor seriedad y profundidad se han presentado en madera barnizada. Y no sólo el proyecto aporta la novedad de la pieza sino que además se preocupa de realzar la misma mediante una talla valiente.

La que en su día fue una de las características que lucía sobremanera este paso y que fuese las esquinas ochavadas, responsables por otra parte de la anchura desproporcionada del mismo, no se han querido eliminar por completo. De este modo, se ha realizado unas chorreras de esquina con el baquetón semicircular, disimulando así la planta rectangular quebrada por ingletes salientes que tiene este pasó en el respiradero.

Ante la necesidad de ampliar el respiradero la talla se superpondrá y ampliará en su longitud a lo largo de los costeros, repitiendo ritmos y ampliándolos en el respiradero hasta coincidir con las nuevas placas que se albergan en las cartelas centrales de los costeros como broche y solapa de la junta de dilatación de dichas piezas. En este caso se han aprovechado las cartelas que ya poseyera el paso en sus respiraderos.

Los trabajos de remodelación llevan consigo a su vez los de restauración y de este modo hubo que acometer la limpieza integral del estuco hasta llegar a la madera, el tratamiento de la misma contra agentes xilófagos, no solo por su presencia, sino con carácter preventivo. De igual modo, al tratarse de piezas para dorado, la preparación de estas consistió en encolado, resanado, retallado, chirlateado, encintado, estucado, lijado y embolado. El oro que se está usando para el acabado final de la obra es de kilataje de un 23-3/4. Es de destacar el uso de un bol rojo para potenciar los brillos metálicos de dicha obra, contrastándose estos con mates que acentúan el volumen y resuelven con mayor agilidad y profundidad las piezas que estamos tratando.

Esta fase de dorado, de igual importancia a las anteriores, está siendo acometida por la actual Junta de Gobierno como el mismo talante e ilusión con el que en su día se comenzó. El actual Hermano Mayor, Don Manuel Aguilera Camacho, es el principal valedor de esta empresa.

Por último, dentro de todas las reformas acometidas en el paso, cabe señalar la sustitución de la cruz arbórea del Titular por una nueva que presentara el estipes más alto, destacando así al crucificado sobre las figuras que lo rodean. Dado que también se da el caso de que las escaleras que soportan a los Santos Varones van sujetas al patibulum, fue necesario la inclusión de un sistema de subida y bajada de la cruz e incluso se realizó un juego de patas telescópicas en la nueva parihuela para salvar obstáculos en altura, como por ejemplo la salida, el paso por la calle Deanes y la entrada al templo catedralicio que hasta esta remodelación no fue posible.

A día de hoy los trabajos que se siguen realizando son el dorado de los candelabros arbóreos de la trasera y los respiraderos.

Acometer una obra de esta envergadura y soñar con poder pasar por ello a la historia de esta ciudad es de sobra motivo para el acrecimiento hacia aquellas personas que antes y ahora han confiado en mí.

Si además sumamos a esto la posibilidad de exponer en público y ante las personas que más apego pueden tener hacia el paso y su Titular, las razonadas intenciones de mejora y enriquecimiento del patrimonio de nuestra Semana Santa, he de decir ante ustedes que me siento muy satisfecho y agradecido por ambas oportunidades.

Últimas noticias

  • Retomamos el Taller de Costura en la Hermandad01/10/2025 - 19:20
  • Cultos, procesión y verbena en honor a Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo24/09/2025 - 09:22
  • Nómina Procesión del Rayo 202517/09/2025 - 19:56
  • Nuestra Madre del Rayo acompañará el final de la Misión Diocesana ‘Esperanzados’17/09/2025 - 19:09

Información

  • Inicio
  • Área Privada
  • Noticias
  • Contacto
  • Créditos
  • Aviso Legal
  • Política de Privacidad
  • Política de Cookies

Casa de Hermandad

© 2024. Descendimiento Córdoba (España)
Aviso Legal · Política de Cookies · Política de Privacidad
Diseño y desarrollo: Antonio Arrebola Romero - powered by Enfold WordPress Theme
  • X
  • Facebook
  • Instagram
  • Youtube
  • Rss
  • Mail
Desplazarse hacia arriba

Podemos utilizar cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia de navegación, si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información.

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar