LLORAN LOS COFRADES DEL CAMPO DE LA VERDAD

Antonio Varo. Redacción

vs07_1El dilema no es que haga sol ahora o a la hora de salir, sino que vamos a estar en la calle más de ocho horas”. Con esa rotundidad hablaba Manuel Aguilera, hermano mayor del Descendimiento, cuando el sol se dejó ver a mediodía por la plaza de Santa Teresa.

En la nave aneja a la parroquia todo estaba preparado. Vecinos del barrio venían a hacer fotos con sus móviles o a dejar un ramo de flores; hasta campistas de la concentración de El Arenal, con acento evidentemente gallego, se interesaban por la hora de la salida: “A las cinco y media”, repetía Manuel Aguilera, sin manifestar abiertamente que no las tenía todas consigo.

La hermandad del Descendimiento es la única que pone en el Viernes Santo cordobés color y calor de barrio popular. Sus cofrades lo saben y lo cuidan. Y la estampa del paso de misterio recortándose en los espacios abiertos sobre el Guadalquivir es uno de los iconos de la Semana Santa cordobesa.

Pero la cabeza manda sobre el corazón en caso de conflicto. A Pablo Estévez le duele como si fuera un arañazo sobre su piel cada vez que alguien roza con los dedos el nuevo dorado del frontal, y le duele porque sabe lo que cuesta, que es algo más importante que el dinero. Por eso la hermandad decidió quedarse en casa y no correr aventuras de las que pudiera arrepentirse.